Conquistador conquistado

Diciembre 06, 2010 - 12:00 a.m. Por: Antonio de Roux

Los estudiantes de arquitectura de la Universidad San Buenaventura tuvieron una idea que los honra: solidarizarse con los pueblos indígenas y denunciar las tropelías cometidas contra estos a lo largo de los siglos. Como forma de expresar su repudio frente a la injusticia, los jóvenes colocaron un sinnúmero de calaveras de arcilla alrededor de la estatua del Adelantado Sebastián de Belalcázar, fundador de Santiago de Cali.Es cierto que don Sebastián fue un ‘duro’, en toda la extensión de la palabra. Implacable con sus paisanos peninsulares es responsable de la muerte, para no usar la palabra asesinato, de su compañero de andanzas don Jorge Robledo. Igualmente se le adjudican a Belacázar las múltiples atrocidades perpetradas por sus subalternos. Según parece, algunos de estos cometieron la salvajada de encadenar nativos, para luego arrancarles las carnes y aventarlas a sus mastines napolitanos. Unos mastodontes caninos levantados con toda clase de condescendencias.Yendo más allá, el historiador Diego Garcés Giraldo, en su biografía del fundador transcribe una carta tomada de la ‘Brevísima relación de la destrucción de las Indias’, del Padre Bartolomé de las Casas, en la cual se le achaca a Belalcázar que al regreso de su expedición a Anserma dio “muy cruda guerra a los naturales, robándolos e matándolos a todos; y sacó de allí más de dos mil quinientas ánimas él y los soldados que consigo traía; e todos estos murieron en cadenas. Antes que saliesen de la poblazón, mataron más de quinientos. E ansí se volvió a la provincia de Calili, y en el camino, si algún indio se cansaba de manera que no podía andar, luego le daban de estocadas e le cortaban la cabeza, estando en la cadena, por no la abrir…”.A pesar de estas imputaciones hay otros datos sobre el Adelantado fundador que nos hablan de un conquistador conquistado por los indígenas. En primer lugar es necesario decir que procreó una prole en madres nativas, y sintió profundo afecto por su descendencia. Según refiere el mismo Garcés, en 1541 trajo a Cali sus hijas mestizas nacidas en Nicaragua, y las desposó con importantes hidalgos locales. María casó con Alonso Díez de Fuenmayor, alcalde y corregidor de Cali; Magdalena se unió a Francisco Trejo y Ortiz, terrateniente fundador de Buga, y Catalina fue la esposa de Hernando de Cepeda, pariente de Santa Teresa de Ávila.Con el paso del tiempo don Sebastián llegaría a plantear una causa casi subversiva. El 5 de septiembre de 1546 se dirige al monarca español para solicitarle, entre otras cosas, que frente a la administración colonial se designen personas oriundas de estas tierras, y agrega que los venidos a las indias no saben “cómo han de tratar a los que en ellas viven”. Por eso no sorprende que el obispo Juan del Valle, protector de los indios y citado por Garcés, lamentara la muerte del fundador, diciendo: “Sólo digo por esta, firmada de mi nombre, que el día de hoy se les guarda a los naturales tan poco o menos justicia que cuando yo vine a la tierra y que de vivir hasta hoy el adelantado don Sebastián de Belalcázar, se hubieran ganado muchos indios que son muertos”.En resumen: la vida de don Sebastián de Belalcázar tuvo muchos puntos claros y algunos obscuros, pero no merece ser tratado como icono de la barbarie.

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