Carta a Dilian

Febrero 09, 2015 - 12:00 a.m. Por: Antonio de Roux

Esta nota no tiene como propósito echarle sal en las heridas. Mi propósito no es resaltar los decires que circulan sobre su pasado, ni los elementos del prontuario formado para investigarla, ni lo que ciertas publicaciones capitalinas han afirmado sobre sus vínculos con los males del sector salud. Menos aún me propongo dar crédito a la información suministrada por el diario El Tiempo, que la semana pasada mencionaba su nombre con relación al Cartel de la Vigilancia. Por el contrario, respetada exsenadora, deseo que usted salga airosa de procesos e imputaciones, y ponga fin a los rumores sobre los asuntos mencionados. Lo quiero así porque usted es un ser humano cuya inocencia se presume y en segundo lugar, porque de probarse su vinculación a cualquier irregularidad o delito, quedaría muy mal parada la dignidad de los vallecaucanos. Daríamos pábulo para que el resto del país y en especial las altas esferas bogotanas nos sigan mirando como lo que quizá somos: una región de gente facilista, que no sabe escoger ni elegir, que otorga honores sin mirar a quien, que prescinde de los capacitados y confiables, de los idóneos para desatar aquellas dinámicas envidiables que hoy rugen en otras regiones de Colombia.El primer reto que afronta el Valle del Cauca para poder adentrarse en el camino del progreso consiste en identificar un liderazgo confiable, que nos permita dejar atrás tanto los días turbulentos de dos gobernadores destituidos, como los desbarajustes que persisten en la administración departamental. Pero usted entenderá, respetada ex senadora, que el liderazgo supone confianza en el líder, y esa confianza difícilmente puede otorgarse a quien viene de experimentar largos meses de detención preventiva y varias investigaciones. Es posible que su organización política tenga los votos para ignorar esta consideración esencial e imponga su elección. Pero créame, de ser este el caso, la inmensa mayoría de los vallecaucanos será presa de la inconformidad, sentirá que la primera autoridad del departamento no los representa. Hay algo que no puedo dejar de mencionar, respetada exsenadora. Me gusta la paz, creo en los esfuerzos que viene haciendo el Presidente Santos para lograrla y considero que deben apoyarse con todos los medios. Pero es inaceptable el cuento vendido por ciertos jefes de la Unidad Nacional y comprado por algunos empresarios, según el cual la única forma de respaldar el proceso es eligiendo con la nariz tapada a los candidatos de aquella formación. A Santos no lo apoyaron solamente las maquinarias de sus partidos amigos. El triunfo se lo dieron millones de colombianos que vemos en él encarnada la oportunidad de acabar el conflicto. Pero estas son personas que, a pesar de su deseo de paz y su reconocimiento hacia el Presidente, no están dispuestas a sufragar por candidatos señalados a dedo, cuyo pasado es incierto y cuyas capacidades de gestión están bajo cuestionamiento.Respetada exsenadora: en las noches de ansiedad y desvelo, en esos momentos cuando somos solo consciencia, los apetitos materiales están adormecidos y toda vanidad es deleznable, usted ha debido coincidir con muchos de nosotros en una idea: si deseamos una paz sostenible la política colombiana debe cambiar desde sus raíces. No puede seguir en manos de gamonales atragantados de contratos y puestos.

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