Ayuda a los que llegan de Venezuela

Agosto 06, 2017 - 11:50 p.m. Por: Antonio de Roux

Venezuela ya no es Venezuela. Nuestro vecino ya no es nuestro vecino. Su alma fue sustraída, la poseen otros. Nada queda de la Nación libertaria y entusiasta que liderada por Bolívar llevó la independencia a medio continente. El país carece ahora de voluntad propia, cedió su albedrío a poderes extranjeros; tomó partido en la nueva guerra fría donde Rusia y China junto a Irán, Siria y Cuba se enfrentan a las tradiciones democráticas de Occidente.

En este panorama los Estados Unidos poco cuentan. Al individuo que comanda esa Nación apenas le interesa mirar para adentro. No entendió que en lo internacional es imposible reclamar privilegios sin asumir responsabilidades. Se limitará a rugir de vez en cuando y a aplicar sanciones inanes contra los curtidos burócratas ‘boliburgueses’.
Algunos analistas internacionales ven la constituyente de Maduro bajo otra óptica. Rusia y China, los grandes acreedores de Venezuela, necesitan asegurarse de que los créditos que otorgaron a borbotones cuenten con garantía soberana. No pueden correr el riego de prestarle a un país cuyo poder legislativo encarnado en la rebelde Asamblea Nacional, deslegitima y condena las iniciativa del Ejecutivo y de contera su estrategia de endeudamiento. Por eso habrían exigido la convocatoria de una organismo que bendiga los oscuros movimientos financieros de la troika chavista.

Una dictadura sanguinaria que cuenta con el auspicio de dos de las tres superpotencias tiene cubierta las espaldas, puede aspirar a volverse eterna. Por eso tacan burro los que ven cercano el final del régimen ante pequeñas muestras de malestar militar, como la ocurrida en Valencia durante el fin de semana. Que la gente sea asesinada a quemarropa y no tenga libertades, ni democracia, ni alimentos, ni medicinas, ni seguridad, ni educación, ni justicia, es cuestión de poca monta. Lo importante es que los acreedores quedarán satisfechos y acaso presten otros miles de millones de dólares, manteniendo la idea de que una revolución corrompida y narcotizada puede ser exitosa.

La tentación de emigrar irá creciendo en la medida que la nueva constituyente muestre sus dientes, aumente la represión y la desesperanza. Las consecuencias de la situación serán complejas para las naciones vecinas y devastadoras para Colombia cuya frontera oriental es extensa y porosa.

La revolución socialista produjo en Cuba el éxodo de 2 millones y medio de personas. Por su parte las guerras del Medio Oriente desplazaron más de 2 millones de personas al territorio europeo entre 2015 y 2016. Los países comunitarios debieron destinar 10.000 millones de euros para manejar el drama humano resultante. Las cifras aludidas dan cuenta de lo que podría venírsenos encima por cuenta del desastre institucional de Venezuela.

La primera reacción de Colombia frente a los acontecimientos ha sido generosa, abrirse a los refugiados dispensándoles residencia temporal, cubrimiento en salud, posibilidades de empleo. Pero tanta gallardía excede nuestras capacidades y no es sostenible en el tiempo.

Por eso estamos en mora de plantear con claridad que la tragedia de los refugiados venezolanos debe ser responsabilidad conjunta de todo el hemisferio, y presionar la adopción conjunta de medidas sobre libre tránsito de personas, cupos de acogida y recursos financieros.

Sigue en Twitter @antoderoux

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