Angelino y el Pacto

Julio 05, 2010 - 12:00 a.m. Por: Antonio de Roux

En buena hora el Vicepresidente electo se la ha jugado por sacar adelante un gran pacto entre los vallecaucanos, el cual vincularía también al sector público y las fuerzas políticas. En esencia se trata de un consenso sobre lo fundamental alrededor de tres o cuatro postulados sencillos, capaces de señalar la pauta para nuestra segunda centuria como Departamento.La pertinencia de la propuesta es incuestionable si se tiene en cuenta que la comarca avanza por el despeñadero de una politiquería insaciable, dispuesta a mordisquear el presupuesto actual y los venideros, gracias al recurso de las vigencias futuras. Las vigencias son un artilugio orientado a gastarse hoy los recursos que serán producidos y pertenecen a las futuras generaciones. Es un mecanismo financiero a ser usado con extrema prudencia, de cuya regulación se ocupó con particular cuidado Juan Manuel Santos a su paso por el Ministerio de Hacienda. Pero recientemente llegó la época de la manga ancha, cuando se emborrachó la ¨policía, para usar una expresión popular. Tanto el Gobierno Nacional como la Dirección de Ajuste Fiscal, alcahuetearon el sistema y lo dejaron generalizar.Las vigencias futuras de este Departamento requieren un escrutinio crítico. Ellas permiten girar contra el bolsillo y el bienestar de nuestros descendientes, mientras los indicadores sociales y el nivel de vida regional van en franca decadencia. Para comprobarlo basta revisar las cifras referidas a la declinante calidad de la educación básica, los índices de nutrición descendentes, el pasivo pensional descomunal que alcanza la bicoca de nueve billones de pesos. En otras palabras, no se debería permitir que el fisco departamental acuda a las vigencias, hasta que se adopten las medidas de ajuste indicadas para garantizar su eficacia y su transparencia. El acuerdo propuesto por Angelino, que él denomina “Pacto por la Prosperidad Democrática”, podría poner las cosas a su sitio y desatar acciones sostenidas de progreso. Lo que se busca es reconstruir al Valle del Cauca desde un concepto ético y humanista, teniendo al ser humano y la solución de sus necesidades fundamentales en el centro. Se plantea convocar a todos los actores sociales con el fin de generar una propuesta incluyente, orientada a proveer oportunidades para todas las poblaciones, en especial las más necesitadas. El crecimiento con empleo, el bienestar de las minorías, el desarrollo integral del pacífico, la transformación de la gestión pública, serían objetivos prioritarios.El pacto tendría que considerar la urgente necesidad de construir Capital Social, entendido este como la capacidad que tiene una sociedad de gestar relaciones de confianza entre sus integrantes. En este orden de ideas deberíamos superar ciertas taras presentes en nuestras relaciones sociales. El paradigma vallecaucano es el control, ante todo nos gusta mangonear, quizá un rezago inconciente de la tradición hacendista. El paradigma antioqueño, cuyo éxito resulta evidente, es la generación de valor. Se unen al otro, comparten las buenas oportunidades, se solidarizan en la promoción de los intereses colectivos. Saben que juntos puede acceder con mayor facilidad a los bienes de la riqueza y el progreso.Para ponerlo en una palabra: bien por el Pacto y por el impulso que le viene dando Angelino.

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