Aeropuertos en el aire

Septiembre 13, 2010 - 12:00 a.m. Por: Antonio de Roux

En el último informe internacional de competitividad Colombia apenas avanzó un puesto. Esto se debe a que los intereses locales o la politiquería, siguen incidiendo en decisiones públicas de gran trascendencia. Los recursos del Estado no tienen el uso más racional y eficaz, la descoordinación reina en muchas partes. Para ilustrar esta afirmación basta pensar en las soluciones aeroportuarias relacionadas con los departamentos que integraron el antiguo Caldas. Algunos dirigentes manizaleños se empeñaron hace años en construir el aeropuerto de Palestina. A la iniciativa se le dio un toque regional bajo el nombre de Aeropuerto del Café o Aerocafé. En el entusiasmo dejaron de lado los diagnósticos existente sobre la mala calidad del terreno y el bajo nivel de tráfico: sólo 250.000 pasajeros al año, mientras un aeropuerto como Palmaseca mueve cerca de tres millones. La parte financiera se volvió calamitosa cuando en el avance de las obras se hizo evidente que las inversiones requeridas se multiplicarían por seis o siete, pasando de $40.000 millones, a más de $260.000 millones.Pero el capítulo de los mayores costos sigue abierto y sin duda vendrán nuevos incrementos. De los mil metros de pista contemplados inicialmente, pasaron a dos kilómetros y medio. Al modificar el planteamiento no consideraron, sin embargo, las dificultades del suelo. Los rellenos faraónicos de hasta veinticinco metros de espesor han sido insuficientes para detener los síntomas de inestabilidad en algunos terraplenes. La situación es tan preocupante que el Ministro de Transporte, caldense raizal y ante todo un colombiano comprometido con los intereses colectivos, declaró con tono apesadumbrado: “no se nos puede olvidar que los movimientos de tierra en ceniza volcánica que se ejecutan en esa obra, son los más grandes que se han hecho en el mundo”.Aparte del desfase financiero registrado en Palestina, cuya factura eventualmente le caerá a la Nación, el aeropuerto Matecaña de Pereira está demandando recursos por $80.000 millones. En este caso se trataría de un gasto sin sentido. El aeródromo risaraldense está sitiado por las urbanizaciones y la topografía, le falta espacio para cumplir con especificaciones indispensables. Por eso no podrá ofrecerse como punto de conexión internacional. Ahora bien, Pereira es una ciudad emprendedora y pujante, que mueve unos 650.000 pasajeros por año, y demanda una solución eficiente y sostenible en materia aeroportuaria. Oportuno resulta recordar que esta es una necesidad compartida con muchas poblaciones del centro y norte del Valle, deseosas también de fortalecer su competitividad. En este orden de ideas la solución obvia está representada por el aeropuerto Santa Ana de Cartago, el cual ofrece óptimas condiciones técnicas, perspectivas claras en materia de eficiencia, la mejor conectividad. En el gobierno anterior pretendieron darle una mano por la puerta trasera a Palestina. Aerocivil en forma directa, intentó señalar la vocación de cada aeropuerto en el eje cafetero. Al Santa Ana quisieron relegarlo a ser terminal de carga, eliminando su potencial para movilizar pasajeros. Hay que decirle a Santiago Castro, el nuevo director del ente oficial, que ese engendro es inadmisible. Vallecaucanos y risaraldenses tendremos que oponernos.

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