Violencia contra la mujer

Violencia contra la mujer

Diciembre 03, 2010 - 12:00 a.m. Por: Angela Cuevas de Dolmetsch

El 25 de noviembre se conmemoró el Día de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, consagrado en 1999 por la ONU. Desde 1988 las feministas habían escogido esa fecha como una forma de protesta por el asesinato en 1960 de las tres hermanas Mirabal, activistas políticas de República Dominicana, por orden del dictador Rafael Trujillo. Conferencias y despliegue en medios de comunicación son algunas de las actividades que buscan sensibilizar a la opinión pública sobre el maltrato que sufren las mujeres. En Cali uno de los grandes logros de la Secretaría de Bienestar Social ha sido el hogar de paso, donde mujeres maltratadas pueden buscar refugio, a veces con sus hijos menores, y recibir ayuda psicológica y jurídica. Sin embargo, esto es apenas un paño de agua tibia pues las mujeres terminan abandonando su hogar donde un hombre borracho les impide el acceso y sigue maltratando y violando a las hijas menores como un derecho adquirido, mientras la Justicia no se hace sentir. Qué difícil es judicializar a un violento; pareciera que las paredes de las casas detrás de la cuales la vida se convierte en un infierno son inaccesibles a la Justicia hasta el día en que la mujer es finalmente asesinada ante los ojos indiferentes de la comunidad y del Estado. Conozco casos de hombres que han amenazado públicamente volver a su mujer picadillo el día que la encuentren con otro. Sin embargo, siguen participando de la vida social hasta que finalmente lo cumplen y sólo son condenados a tres o cuatro años de cárcel. No hay forma de prevenir la violencia doméstica ni pareciera haber voluntad política. La sociedad, la Policía y la Justicia justifican al homicida, “si le puso los cachos se lo merece” (!).El caso de Luz Dary es típico. Hace un año el marido que la abandonó llegó intempestivamente a recuperar su casa, pues la necesitaba para venderla. Luz Dary se opuso y el hombre energúmeno sacó un machete y si no fuera por un vecino la hubiera asesinado. Los niños gritaban. Luz Dary acudió al hogar de paso, donde unos profesionales jóvenes y eficientes tomaron atenta nota de su historia y prometieron ayudarla. Le ofrecieron el albergue donde ella podía quedarse con su hijo pequeño, pero sus dos hijas adolescentes se quedaron con el padre que procedió a violarlas regularmente. Lamentablemente los vecinos nunca se han atrevido a denunciarlo. Hoy Luz Dary aún no ha podido regresar a su casa. Ha visitado numerosas oficinas, juzgados de menores y la Fiscalía. En muchos sitios los funcionarios se encogen de hombros. Existe la orden de captura, pero nunca lo encuentran y así Luz Dary sigue vagando por la ciudad en espera a una respuesta del Estado.

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