Paz, futuro y corrupción

Paz, futuro y corrupción

Enero 08, 2016 - 12:00 a.m. Por: Angela Cuevas de Dolmetsch

Empezamos el 2016 con enormes expectativas para el proceso de paz y con una gran incertidumbre de cómo va a ser la nueva Colombia. ¿Qué va a pasar con los excombatientes que llegarán a las comunidades? ¿Cuántos niños hay todavía en las filas de las Farc? ¿Será que los cuerpos de las mujeres que han sido tradicionalmente botín de guerra, dejaron de serlo a medida que avanzan las conversaciones de La Habana y que la Comisión de Género se ha ido empoderando?Hay libros publicados de terribles atrocidades como ‘Las tres orillas’ de Fennys Tovar, un testimonio real, que deja el sabor amargo de una generación de mujeres victimizadas por una sociedad, que no solo ha tolerado el maltrato familiar por padres alcohólicos y drogadictos, sino que ha permitido la violación de niñas por sus progenitores y la venta de las mismas a los ejércitos combatientes ya sea la insurgencia, los paramilitares y el mismo Estado. De mujeres reclutadas en la infancia, violadas en la adolescencia, mujeres que aprendieron a matar sin remordimiento y a defenderse a bala porque la vida no vale nada.Esta nueva sociedad debe empezar con el pie derecho, desde lo cotidiano hasta lo político. ¿Cómo serán las comunidades de la postguerra? Ojalá de puertas abiertas en ciudadelas ecológicas para que el control social lo ejerzan las mujeres como en la Ciudadela Ecológica Nashira, donde ya no hay adolescentes embarazadas, los presuntos violadores han sido excluidos, las mujeres se pueden defender solas apoyadas en sus congéneres y no tolerar le maltrato por un plato de comida.Ya el analfabetismo entre los colombianos de este siglo ha sido prácticamente erradicado, con políticas como ‘familias en Acción’ donde los padres reciben una recompensa en dinero por enviar a sus hijos al colegio. ¿Será que una Colombia estudiada valora la vida? Pero hay también un lunar más grande que es la deshonestidad y esta es transversal en toda la sociedad. No respeta ni educación, ni clase, ni religión, ni edad. Hacemos trampa en los exámenes y exigimos prebendas en la adultez. La comunidad internacional nos pide a gritos que bajemos los niveles de corrupción, que invade todos los estamentos no solo del gobierno sino de la empresa privada, empezando por el sector financiero, la salud, la educación y hasta las artes. La malicia indígena ha dado pie a la viveza y de esta a la mordida. Todo tiene su precio y por lo tanto la desconfianza reina generando los cobros de cuentas ilegales que se traducen en asesinatos. La madurez de una sociedad se mide por sus niveles de honestidad y los países mas desarrollados están en la cima de las mediciones de transparencia. Qué lejos estamos de esa meta.Gracias a mis lectores por haberme acompañado este año que pasó, aprecio sus comentarios y les deseo un feliz 2016.

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