No más Rubielas

Abril 08, 2011 - 12:00 a.m. Por: Angela Cuevas de Dolmetsch

Rubiela salió esa mañana rumbo a una cita de odontología. Nunca se imaginó que allí terminaría su vida. Su compañero permanente, Hernando Lucumí, había decidido acompañarla. No conocía las intenciones de Hernando ni tampoco que llevara consigo un arma blanca. Hace dos años casi la mata. Terminó hospitalizada. ¿Por qué continuaba con él? Es una pregunta que todos nos hacemos. Su hermana dice que la tenía amenazada. Rubiela vivía de la pensión que le había dejado su marido, también otra víctima de la violencia. Un hijo mayor vive en EE.UU. como resultado de la diáspora de los colombianos y los otros dos son estudiantes universitarios, orgullo de una madre que con muchos esfuerzos había logrado sacarlos adelante y quién sabe si ahora podrán terminar su carrera. Lucumí era un supervisor de mecánica del Ingenio Providencia donde trabajó durante los últimos 35 años. Era su compañero sentimental hacía cinco años. En su declaración manifiesta que le dio mucha rabia, porque ella le había dicho que no lo quería y que sólo estaba con él por sexo. Cuentan algunos pasajeros que los oyeron discutir acaloradamente, que de un momento a otro el hombre sacó un cuchillo, le propinó tres puñaladas en el tórax y luego brutalmente la degolló. Y como si nada hubiera sucedido, se bajó en la siguiente estación del MÍO y se fue muy campante sin que persona alguna lo detuviera. Nadie tuvo el valor de perseguirlo. Allí yacía Rubiela en un charco de sangre. Las cámaras del MÍO habían grabado el siniestro y tenían plenamente identificado al asesino. Lucumí se entregó y asumió su defensa un abogado de oficio, quien alegó “ira e intenso dolor” y pidió casa por cárcel que el juez sabiamente no otorgó.Según las circunstancias, y los agravantes, crímenes cometidos contra el conyugue, o compañero permanente, contra persona indefensa y con sevicia deben recibir la pena máxima que consagra el Código Penal, 60 años de cárcel. Desde 2008 entró en vigencia la Ley 1257, un logro enorme del movimiento social de mujeres, para prevenir y castigar la violencia en contra de la mujer y así en su articulado se ordena una protección especial de la víctima por parte de las autoridades, tanto en su domicilio como en su lugar de trabajo, así como el castigo ejemplarizante para los infractores. Infortunadamente las autoridades no toman esa ley en serio. En días pasados acompañé a una mujer que había sido maltratada por su compañero ebrio y hasta ahora cuatro meses después continúa amenazada pues él ha jurado que sólo espera encontrarla con otro para hacerla picadillo y tirarla al caño. Si las autoridades no reaccionan Eneida terminará como Rubiela en un charco de sangre y la Ley 1257, sino se logra el castigo para los infractores, en un as de burlas.

VER COMENTARIOS
Columnistas