Nada importa

Nada importa

Marzo 06, 2015 - 12:00 a.m. Por: Angela Cuevas de Dolmetsch

Algunos de la vieja escuela no saben qué quiere decir, otros dicen que es certificada por la Gran Academia de la Lengua, los correctores electrónicos no la reconocen y los más castizos salen horrorizados que una dama de alta estirpe como Luz Elena Azcárate pueda utilizar semejante vocablo. Lo que sí es cierto es que no se puede ignorar. Desde el taxista, hasta el emperejilado conductor del BMW en alguna forma reaccionan frente a los pasacalles fucsia. Es imposible ignorarlo. En las esquinas de las principales calles de Cali se ven los jóvenes con las camisetas puestas y con la frase “derrotemos el importaculismo”.Mi madre profesora de castellano se estará estremeciendo en su tumba, no por la frase sino porque siempre dijo que no hay necesidad de usar palabras feas y la palabra que empieza por “C” no es bonita. De pronto el significado si es mucho más profundo de lo que pareciera a primer vista, y hasta tiene un contenido filosófico.Llevamos años permitiendo que todo ocurra, nada nos estremece, no cumplimos con nuestro deber porque somos olímpicos, dejamos a los clientes esperando largas horas en colas interminables, la vida no vale nada, los pacientes del sistema de salud terminan en el paseo de la muerte porque a nadie le importa.Tan grave es la situación que el Alcalde Rodrigo Guerrero ha contratado a una funcionaria especialmente para que derrote el importaculismo en la salud. Se trata de Mariluz Zuluaga, de una larga trayectoria en la administración cuya función principal es ser la defensora del paciente. A su despacho llegan todos aquellos que llevan meses esperando una radiografía porque a los médicos del POS solo les asignan 20 radiografías mensuales y solo las prescriben para aquellos pacientes súper necesitados. Una amiga que sufría hacía 4 años de un dolor intenso de un brazo y la imposibilidad de coger cosas, le habían prescrito antiinflamatorios y analgésicos. Debía presentarse cada tres meses a la cita médica para que le prescribieran las mismas drogas pero con diferente nombre, mientras le daban una para disminuir el ácido úrico le daban otra para aumentarlo y finalmente aunque es una mujer joven la habían remitido el médico laboralista que le sugirió que dejara de trabajar. Ante un eminente lucha por conseguir a la edad de cuarenta años una pensión de invalidez y viéndola muy afligida la llevé donde mi terapista que en cuatro sesiones le acomodó las vertebras y ahora está divinamente. No se le duerme el brazo, ha aprendido a dormir boca arriba y con una almohada debajo de las rodillas, dejó las pepas y no tiene que dejar de trabajar. Si con Luz Elena se derrota el importaculismo pues a votar por ella.

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