Los dilemas de Cuba

Diciembre 26, 2014 - 12:00 a.m. Por: Angela Cuevas de Dolmetsch

Qué mejor regalo de Navidad para el mundo que el anuncio del presidente Obama sobre el inicio de las relaciones diplomáticas con Cuba poniendo fin a 52 años de enemistad. La línea dura de Estados Unidos sobre todo el efecto de los embargos ha tenido un costo social y de penuria difícil de evaluar. Varias generaciones han sobrevivido en un país donde lo básico ha hecho falta y la población se ha amoldado a un sistema en que el dinero no es todo. Mientras que en el mundo capitalista las mujeres jóvenes podrían considerar un buen partido a un hombre que tiene un BMW en el escenario de la Cuba comunista el mejor galán es aquel que tiene más medallas. Recuerdo escuchar a unas jóvenes pensando cómo conseguir una falda azul y oírlas solucionando el problema con la compra de una prenda blanca, y tintura azul. Nunca olvidaré no tener moneda cubana para coger un bus y ver como otra pasajera sin ninguna suspicacia sacó de su monedero el dinero para pagar mi transporte. Los músicos cubanos de la Orquesta Sinfónica del Valle, en las épocas de las vacas flacas soportaron con paciencia las demoras en los pagos mientras que tanto colombianos como polacos, checos y de otras etnias armaban el zafarrancho y amenazaban con paros y tutelas. Sí creo que los cubanos y cubanas de hoy son mejores seres humanos. Las diferencias creadas entre los que tienen acceso al dinero convertible o CUC y los que sobreviven de su ínfimo salario ha ido polarizando la población. El que tiene un pariente en el exterior y recibe remesas puede comprar un piso por US$5.000 pero aquel profesor o médico que vive del salario del Estado a lo mejor está abocado a vivir con sus hermanos en una habitación de inquilinato. Cuba exporta cultura; este año en que mi marido participó en un festival de música barroca pudimos apreciar cómo los músicos tienen acceso a vehículos oficiales y prebendas. Visitando el apartamento de un conocido pianista y si bien su morada era grande y espaciosa para darle cabida a los pianos de cola, nos contaba que había tenido que prestarle al Estado de sus honorarios del exterior para arreglar el sistema de alcantarillado de la cuadra. Hay impresionantes contrastes, la casa del Embajador de Italia es una mansión de los años 50 impecablemente arreglada con piscinas y jardines que ningún cubano puede darse el lujo de disfrutar, y me atrevo a pensar que ni si quiera los mandatarios se sienten cómodos en semejante opulencia.Va a ser interesante ver qué trae la apertura. Mucho trabajo de restauración de las ciudades, pintura que hace mucha falta y para el ciudadano del común ojalá más afluencia económica para salir de la terrible rutina de recibir una ración diaria.

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