Las joyas de las elecciones

Septiembre 18, 2015 - 12:00 a.m. Por: Angela Cuevas de Dolmetsch

A medida que se aproximan las elecciones, los candidatos se idean más y más artimañas para salir elegidos. La vieja estrategia de desprestigiar al oponente haciendo público verdaderos o supuestos procesos judiciales o inhabilidades es quizá la más dañina y la que menos votos trae. A Maurice Armitage le quieren endilgar un contrato de su empresa Sidoc con la Alcaldía para la chatarrización de los buses. Y hablando del debate, Roberto Ortiz, ‘el chontico’ no se apareció, ¿será que aún no ha podido con el apellido de su opositor Maurice Armitage? Me hace recordar los chistes sobre un expresidente parado frente a un acuario abriendo y cerrando la boca. María Isabel Urrutia sorprendió con sus respuestas oportunas y cuando Angelino le habló de los afrodescendientes ella bastante indignada replicó: ”No soy ninguna africana. Soy negra y mi papá y mamá son colombianos”.En el debate a la gobernación, los ataques de Cristian Garcés a Dilian Francisca le están rebotando y el golpe bajo de Mauricio Ospina de contratar a Gustavo Prado, exesposo de Clara Luz Roldán para que rompiendo el secreto profesional que debe todo abogado a sus clientes tratara de hacer públicas actuaciones confusas en las que Prado también fue parte, solo ha logrado victimizar a la candidata, máxime cuando provienen de una persona acusada de violencia intrafamiliar, delito grave en la Colombia de hoy. Con más altura Óscar Gamboa rehusa participar en la guerra de acusaciones y se coloca por encima de todos ofreciendo su amplia experiencia en el gobierno y en el ámbito internacional.Mientras que en la Gobernación y la Alcaldía la contienda es candente, los candidatos a Concejos y Asambleas, todavía tratan de conseguir votos con ladrillo cemento y asfalto, y la osadía ha llegado hasta hacer uso de las maquinarias oficiales y aparecerse en una comunidad rural con gritos de no más barro, llegó el progreso y pavimentar las zonas de cultivo causando un daño irreparable que los pobres habitantes aceptan confundidos sin saber si efectivamente el asfalto los hace más ricos o más desafortunados. Qué manoseo tan indigno, utilizando los recursos públicos frente a los ojos de uno de los mejores alcaldes de Colombia. O será que así la ley lo prohiba los mandatarios se ven obligados a facilitar las campañas a sus copartidarios.Seguimos en una Colombia inmadura políticamente, donde las ideas y programas son secundarios a las críticas y al desprestigio. Somos más ricos sí, pero los votos se compran y la cultura de la pobreza sigue arraigada a las costumbres electorales haciendo imposible la transparencia.

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