La vida es sagrada

La vida es sagrada

Junio 18, 2010 - 12:00 a.m. Por: Angela Cuevas de Dolmetsch

Opacado por la dimensión de los ‘falsos positivos’, los colombianos no hemos logrado entender el verdadero significado de la vida es sagrada. Según el Índice Global de Paz, que se publica todos los años, Colombia es uno de los países más violentos del mundo y el más violento de Suramérica ocupando el puesto número 138 de 149. Todos los días oímos de balaceras en los barrios, de balas perdidas que entran a las casas y matan niños y mujeres inocentes, de maridos alicorados que maltratan a sus esposas hasta que un día las asesinan y sólo quedan las flores marchitas, recuerdo de las muchas veces que ella lo perdonó. Si bien el descenso de la mortalidad infantil entre los 0 y 5 años es un logro, también es cierto que los muertos entre las edades de 5 a 25 años van cada día en ascenso. Llevo el recuerdo de mi amiga Ingrid que vendía chatarra en El Jarillón y que un día la asesinaron por robarle $700.000. Caminamos por las calles y sabemos que un ladrón nos puede matar por robarnos la cartera, el celular o que de pronto una bala perdida de uno de los tantos ajustes de cuentas del narcotráfico puede terminar de un momento a otro con nuestras vidas. Sin embargo, lo racionalizamos y terminamos diciendo nadie tiene la vida comprada y seguimos transitando por Colombia de espaldas a la muerte. Los asesinos entran y salen de las cárceles y las penas ejemplarizantes sólo ahora se están empezando a dar tímidamente con la condena del coronel Plazas Vega y como todo vale, nos enredamos en justificar un fuero militar que se consagra para los tiempos de guerra, pero que no justifica en ningún lado del mundo los crímenes de lesa humanidad. Tumbamos la cadena perpetua para los violadores y aún no se ha considerado para los asesinos. También la vida es sagrada cuando a una persona enferma la someten al paseo de la muerte o cuando a nuestros soldados inmersos en las profundidades de la selva no les llega la ración a tiempo y tienen que aguantar hambre, lo mismo ocurre con aquellas personas que viven del rebusque y hay días en que no les alcanza lo que recogen para comprar el sustento de la familia.Los fondos públicos son sagrados, no sólo porque la corrupción enriquece ilícitamente a unos pocos sino porque empobrece a los más necesitados al despilfarrar los recursos destinados a la salud, la educación, la vivienda y la ayuda social. La evasión de impuestos le cuesta al país $6 billones, la desviación de los recursos $4 billones, el sobrecosto en las compras del Estado $2 billones, la evasión al régimen contributivo de salud $2,5 billones para un total de $14,5 billones al año y lo peor de todo es que aquí no pasa nada.

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