La Paz, sin mujeres

Septiembre 07, 2012 - 12:00 a.m. Por: Angela Cuevas de Dolmetsch

Una vez más el Gobierno sólo incluye dos mujeres entre los primeros  negociadores del proceso de paz y conociendo la importancia de la equidad de genero que caracteriza a la sociedad noruega, un grupo que no incluya ni siquiera el 30% de ley del componente femenino va a encontrar rechazo entre la opinión pública de ese país.Recordando el anterior proceso de paz, la escandinava Ingrid Eide junto con mujeres líderes colombianas e internacionales escandalizadas por la falta de participación femenina en el Caguán promovieron el Consenso de Mujeres del Barco de la Paz. En el trasatlántico japonés que surca los mares como mesa de negociación para conflictos políticos se reunieron en tres ocasiones 20 mujeres de diferentes orillas del conflicto para lograr acercamientos entre personas con ideologías y experiencias de vida opuestas. En el primer viaje que partió de La Guaira, Venezuela, hacia Guayaquil el Gobierno envió a la consejera para la Equidad de Género Nazly Lozano, quien tuvo que pedir perdón a una indígena víctima de fumigaciones ordenadas por Nazly como viceministra de Justicia. Una exsecuestrada en La María terminó abrazando a una combatiente del ELN diciendo que no pensaba que una mujer burguesa fuera tan parecida a ella. En el segundo viaje a Cuba ya con Álvaro Uribe como presidente, el Consejero para la Paz Luis Carlos Restrepo, en un acto considerado una burla, envío a una paciente suya cuyo único aporte fue decir que no atacaran al Presidente. En ese viaje participó Gloria Ramírez, presidenta entonces de Fecode, ella dio a la prensa las declaraciones de rigor. En el tercer viaje entre Cartagena y Acajutla, Salvador, ya con Íngrid Betancourt secuestrada participó Yolanda Pulecio e hizo acercamientos a través de las Mélidas, grupo de mujeres excombatientes salvadoreñas, con los captores de su hija. Ya con el nuevo gobierno, a la entonces Consejera se le prohibió participar, porque el gobierno no se reúne con delincuentes. Así surgieron tres acciones: las Cortes de mujeres, en Cali y Pereira, como tribunales de catarsis para las víctimas de la guerra y la Ecoaldea de las Mujeres Nashira, un laboratorio de colaboración entre empresa privada y gobierno. Allí viven hoy 41 familias, trabajan 88 en 11 núcleos productivos desde donde generan ingresos para su sustento; las otras 47 esperan el subsidio del Banco Agrario. Sus casas fueron construidas por ellas y no requieren desembolsos de dinero. ¿Viven felices? Sí.Sin la participación de las mujeres no le auguro éxito  al proceso de paz. A los desmovilizados hay que ayudarles a reconstruir sus familias y para eso se necesitan las mujeres, hay que generar los espacios físicos, ojalá en el campo donde se pueda producir comida, con el apoyo del Gobierno, de la Academia y la empresa privada.

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