Juanchaco turístico

Juanchaco turístico

Agosto 31, 2017 - 11:45 p.m. Por: Angela Cuevas de Dolmetsch

En lo que va de este siglo ningún gobernador había visitado Juanchaco. Hasta este sábado el tiempo se había quedado estático. Las casas de madera prevalecían en diferentes estados de abandono, con la excepción de algún hotel de tres estrellas. Las calles siguen sujetas a las inclemencias del tiempo donde caminar se convierte en un ejercicio para evitar los huecos y pozuelos generados por las lluvias.

Las cosas buenas que hace nuestra Gobernadora, consultando a su instinto materno, como trasladarse con su gabinete a hacer una jornada de pintura de casas que automáticamente le da una cara nueva al pueblo y una inyección de autoestima a los moradores. Es solamente el comienzo para convertir a Juanchaco en un destino de turismo ecológico.

Hay un muelle turístico con una sala de espera donde se promueven algunas de las espectaculares atracciones de este sitio, como el avistamiento de ballenas, donde fácilmente se navega junto a estos mamíferos acuáticos por horas, deleitándose con los juguetones ballenatos. El paseo a la Sierpe, donde se conjugan la selva tropical y las grandes chorreras de agua dulce que forman lagos internos, piscinas naturales generadas por esta exuberante naturaleza. Allí se observan especias de aves no vistas en nuestro bosque húmedo y para los que no les gusta el mar, la oportunidad de nadar sin miedo de los altibajos de las mareas y de recibir un masaje con los chorros que descienden desde lo alto de las gigantescas rocas.

También se benefician Juanchaco y los otros corregimientos del Pacífico de las escuelas deportivas de paz que tan sabiamente viene promoviendo la directora de Coldeportes, Clara Luz Roldán. Allí los vimos jugando voleibol de playa, olvidándose del licor tan nocivo en otras generaciones. Sin embargo, tanto la Gobernadora como Asotur saben que todavía hay un camino largo por recorrer.

Si se quiere convertir a Juanchaco en un destino ecológico parecido a Costa Rica habría que empezar porque los habitantes hagan un gran esfuerzo ambiental para manejar las basuras con sus tres componentes: reducir, reciclar y reutilizar. Hay tantas cosas que se pueden hacer de botellas, desde muebles y paredes hasta recolectores de agua lluvia.

También habrá que entrar a protegerlo con rompeolas, así como se ha hecho en Cartagena, y de esa forma parar la fuerza implacable de las olas que día a día le roba espacio vital al corregimiento. Entonces sí se podrían arreglar las calles, empedrarlas o asfaltarles, nada estrambótico, ni rascacielos ni yates. Los pequeños negocios en casas de color con murales alusivos para darle un tono único y distinto.

Hay que aprovechar esa inmensa riqueza natural de dos océanos, selvas y bosques húmedos, aves y ballenas, lo que vimos en la película Colombia: Magia Salvaje, pero que aún dista mucho de tener la infraestructura necesaria.

Sigue en Twitter @Atadol

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