Juan sin tierra

Julio 15, 2011 - 12:00 a.m. Por: Angela Cuevas de Dolmetsch

El viernes 22 se vence el plazo para que los municipios y el Departamento presenten los proyectos para el subsidio de vivienda rural que otorga la Nación a través del Ministerio de Agricultura y el Banco Agrario. Con recursos de la anterior convocatoria se financiaron 41 viviendas en la Ecoaldea Nashira, viviendas productivas de 54 metros cuadrados, dos pisos, tres dormitorios, sala, cocina, comedor y baño. Las viviendas fueron fabricadas por auto construcción y como el lote es producto de una donación del sector privado, las beneficiarias no tuvieron que aportar ni ahorro programado ni quedaron con deuda a banco alguno. Sin embargo, dentro del concepto obtuso de las administraciones tanto del Departamento como del municipio de Palmira, esta propuesta para beneficiar a las personas de más bajos recursos no es de su interés, ya que no hay contrato de por medio para engrosar los bolsillos de los contratistas. Por eso ni el Departamento ni el municipio de Palmira van a aplicar para el subsidio de vivienda rural y los recursos se van a perder. Palmira por otro lado sí está cofinanciando 1.114 viviendas en un proyecto llamado La Carbonara, cuyo valor comercial es de $33 millones por vivienda, y que le saldrá al ciudadano, en vez de ser gratis, por un valor de $16 millones. Según la Administración los beneficiarios de esta supuesta vivienda de interés social deberán pagarle a la constructora el 10% del total de la inversión, tener un ahorro programado por el mismo monto con una entidad bancaria y capacidad de endeudamiento para financiar el valor restante. ¿Qué persona de estrato uno y dos, que vive del rebusque, puede cumplir con esos requisitos? ¿Qué mujer cabeza de hogar de ese 32% de mujeres por debajo del nivel de pobreza podrá siquiera soñar con una de esas casas? Qué pena, pero los planes de vivienda de interés social son un fraude. No benefician a las personas más pobres y sólo les sirven a los estratos 3 y 4.Hay otros planes como Potrero Grande en Cali, donde la gente vive hacinada y atrasada con las cuotas, a punto de perder sus casas y amenazada permanentemente por abogados. Hay barrios donde la gente se ha unido, alertan a los vecinos con pitos y cuando llegan los chepitos destruyen las viviendas dejando solamente el cascarón. Esto se ha mantenido callado y a veces pienso que los medios somos cómplices, no denunciamos los escandalosos desalojos y luego nos asustamos cuando la gente más pobre invade terrenos baldíos o los lotes de nuestra vecindad. No nos dejemos engañar, aquí en Colombia no existe vivienda de interés social y los más pobres están condenados a vivir en la miseria, a que los engañen desalojándolos de tierras a veces hasta productivas para ir a engrosar las hordas de Juan sin tierra.

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