Familia nuclear en crisis

Noviembre 14, 2014 - 12:00 a.m. Por: Angela Cuevas de Dolmetsch

El Siglo XXI ha traído consigo la evidencia de la crisis de la familia nuclear. Hay parejas de hombres con hombres, mujeres con mujeres y algunos de hombres con mujeres. Todos quieren ser la familia ideal, tener hijos propios, adoptados o in vitro. Las relaciones no son físicas ya que todo el mundo se chatea, aunque estén en el mismo recinto. De pronto alguien se ríe solo, no es que se haya enloquecido sino que le acaban de contar un chiste. Otros juegan en el internet con miles de desconocidos y un día deciden casarse entre ellos, pero ya el convivir físico es complejo, pues hasta ahora hacer el amor chateando no es tan fácil aunque ya hay películas de personas que se enamoran de aquella voz sensual al otro lado del espacio cibernético. Se llega a veces hasta tener orgasmos virtuales en un mundo cada día más lejano del convivir físico.Así mismo como se arman las parejas así también se desarman. El matrimonio no está de moda. Del chatear se pasa a un noviazgo por skype o internet. En una de esas ella queda embarazada, no por error sino por decisión. Como no existe el vínculo matrimonial, los niños van a las guarderías desde los 6 meses y se crían colectivamente. Interesante, los abuelos del Siglo XXI han adquirido estatus. En algunos países han hecho cabildeo para que el abuelazgo se reconozca como parte del producto interno bruto. La crisis de la familia nuclear ha llevado a que hasta en los países más desarrollados, se vean madres jóvenes levantando a sus hijos y cuando se les pregunta, ¿qué pasó?, la respuesta de moda es que él me dijo que era un adicto sexual. Este hábito se ha vuelto el caballito de batalla, ser adicto al sexo, es una virtud a diferencia de ser maniaco sexual o pervertido, pues los adictos son jóvenes apuestos mientras que los pervertidos y maniacos son viejos verdes. En este panorama las hijas vuelven al seno materno y sin querer queriendo tenemos una sociedad matriarcal en que los hermanos terminan cuidando a los sobrinos y siendo la figura paterna. Los hombres siguen dejando su semen por todos lados, sin regresar a averiguar qué pasó, si va a nacer un ser humano con sus mismos ojos, su sonrisa, su inteligencia o falta de ella. Hay más y más niños de la fertilización in vitro, vaginas alquiladas y como en la película Starbuck, miles de seres humanos de un mismo padre donante de semen, hermanos biológicos que nunca se conocen y cuya madre nunca lo vio ni se enamoró del padre. Ya los hijos no son el producto de la pasión y del amor.

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