Escombros y más escombros

Escombros y más escombros

Agosto 27, 2010 - 12:00 a.m. Por: Angela Cuevas de Dolmetsch

Tiemblo de sólo pensar qué va a ser de Cali cuando empiecen a tumbar los edificios en el Paseo Bolívar para construir la Plazoleta de la Caleñidad. Toneladas de dinamita estallarán de pronto con un estruendo feroz que dejará sorda a la mitad de la población e histérico a mi marido que aún recuerda las bombas de la guerra. ¿Qué piensan hacer para mitigar el ruido que causará la implosión? En muchos países los edificios viejos se reutilizan. Hay museos famosísimos como el Tate Gallery en Londres construido en una antigua fábrica o innumerables edificios públicos de Barcelona que han utilizado construcciones existentes. Comfandi sabiamente va a usar el Hotel Aristi, edificio emblemático de la ciudad, mientras seguimos encartados con la Licorera a la cual no se le ha dado un uso coherente.Preocupa la amenaza ambiental que ya es un hecho. Cali genera diariamente 1.100 toneladas de escombros que se depositan en tres escombreras legales y en un sinnúmero de lugares, sobre todo en el Oriente, donde llegan carretilleros y volquetas a diario a disponer de los residuos sólidos sin control de ninguna clase y que los pandilleros las han convertido en un lucrativo negocio que les genera medio millón de pesos diarios.En el sitio denominado La Carbonera los escombros alcanzan una altura de 27 metros y amenazan con causar un desastre de grandes proporciones pues, dicen los expertos, están empezando los deslizamientos en los bordes. Lo más grave es que está en la vecindad del Hospital Isaías Duarte Cancino. Ni siquiera en su lecho de enfermos estos pobres colombianos se pueden escapar de la contaminación, el ruido y el peligro de muerte. En algún momento hablando con el Alcalde, éste me expresó su intención de construir una planta de reciclaje que convertiría los residuos sólidos en ladrillos y páneles de construcción. Con las megaobras se doblará la cantidad de residuos. Ya existe en Juanchito un experimento exitoso con el cual se han construido las paredes de la ecoaldea Nashira, cuyas casas las mujeres cabeza de familia las reciben sin pagar un solo peso. Alejandro Salazar es un visionario que ha viajado por el mundo promoviendo sus teorías y como nadie es profeta en su país, ha salido en las páginas del New York Times. No hace mucho estuvo en Cuba y convenció a un inversionista australiano que viniera a Colombia a participar en su proyecto. Dice Alejandro que se pueden colocar máquinas portátiles de procesamiento y construcción de carreteras y paredes en el sitio donde se generan los escombros para evitar los costos del transporte y así construir con el material reciclado sin generar basura. Con un poco de voluntad política Cali se volvería la capital ecológica de Colombia.

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