Entre drogas y laberintos

Julio 25, 2014 - 12:00 a.m. Por: Angela Cuevas de Dolmetsch

Una joven, africana, embarazada y definitivamente drogada se levanta el vestido y se acaricia sus genitales en la estación del tren en Zurich, ante la indiferencia de transeúntes y autoridades. Un hombre del Medio Oriente sentado en el piso habla solo y no es por celular, parece estar embriagado y su aspecto contrasta con la limpieza clínica de la estación. En algunos Cantones Suizos la posesión de cannabis en dosis personales solo tiene una multa de 100 francos. El 20% de los jóvenes suizos entre los 15 y los 24 años han probado marihuana y muchos la siembran en balcones y patios internos. La heroína, la droga dura de mayor consumo, ha contado con una política de suministro de agujas para evitar la contaminación del Sida. Antes se les permitía a los drogadictos estar en sitios públicos y hasta hace poco, cuando la policía los desterró, se encargaban de podar y sembrar las plantas medicinales en un laberinto y centro de meditación de las feministas suizas que lo diseñaron y cuidaron por 30 años, pero que ahora ya en sus 80 no tienen la fuerza, para mantenerlo. Los drogadictos desaparecieron con rumbo desconocido y ahora la maleza ha ido invadiendo despiadadamente los círculos convergentes.Hindelbank es la única cárcel femenina es Suiza. Son 104 mujeres mayores de 18 años que tienen sentencias desde meses hasta cadena perpetua, la mitad son suizas y la otra mitad de 25 países del mundo entre ellos Colombia. 30 tiene cargos por homicidio, 38 por fraude y hurto y 36 por violar las leyes antidrogas. Con la nueva modalidad, llegan embarazadas llevando cocaína en condones o cápsulas o dentro de los computadores. Anualmente las autoridades suizas confiscan más de 100 kilos de cocaína que entran por los aeropuertos de Ginebra y Zurich. Se dice que entre el 10 y el 20% es incautada y si es como en algunos países, los mismos narcotraficantes se encargan de denunciarlas para que la policía pueda mostrar resultados. En Hindelbank, las mujeres pueden tener a sus hijos hasta los tres años, tienen posibilidad de trabajar en manualidades, de capacitarse y si tienen papeles de residencia conseguir un trabajo digno pues de lo contrario son enviadas de regreso a su país, a enfrentar la venganza de los que las reclutaron. Y mientras tanto, las reclusas se unen para meditar y hacer rituales en el laberinto de Hindelbank junto con las matriarcas suizas que todos los meses las visitan para hacer ofrendas a las Diosas como una forma de reconciliación con la humanidad.

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