El útero de la humanidad

Noviembre 29, 2013 - 12:00 a.m. Por: Angela Cuevas de Dolmetsch

Desde el Mar hasta sus picos nevados, La Sierra Nevada de Santa Marta (Yoavica Umunucunu) es un templo mundial de la biodiversidad. Por eso es considerada como patrimonio irremplazable. Allí nacen 35 ríos, tiene todos los pisos térmicos y los ecosistemas y hay 44 especies que no existen en ningún otro lugar del mundo. Los pueblos que la habitan: Koguis, Wiwa, Arhuacos y Kankuamos la consideran sagrada, el útero de la humanidad donde se genera toda la vida del universo y a la que se le deben devolver en ceremonias de gran contenido simbólico los bienes materiales, los alimentos consumidos, los placeres disfrutados.Es allí, donde en las noches estrelladas sin luz eléctrica, radio, televisión o teléfono ni mucho menos carros, aviones o motos, las mujeres Koguis tocan los tambores y se escuchan los gemidos musicales desde sus bohíos hasta la madrugada mientras los hombres en el Kanguamo o lugar de encuentro resuelven problemas filosóficos, cosas prácticas de la comunidad para contarles a la mujeres y escuchar los consejos sabios de ellas.Los Koguis son monógamos, el mamo principal o canciller de esta comunidad escondida en las entrañas de la Sierra Nevada tiene 10 hijos e hijas y 90 nietos. El padre le busca compañero a la hija desde los 12 años, un buen trabajador y que lleve a cabo las labores que le asignan incluyendo la construcción del bohío, donde se instala la familia nuclear. Este cobijo redondo, construido en bareque y con techo de paja, cálido por la hoguera donde se cocina y ameno como el vientre materno, no es propio sino colectivo porque los Koguis se mueven de sitio según sus necesidades. La economía es de subsistencia, siembran, yuca, plátano, batata, zapallos, caña, café, frutas, totumos, cabuya, algodón, pescan en los ríos, tienen gallinas, cerdos y otros animales salvajes que hacen una labor de limpieza. Si bien no hay sanitarios tampoco se sienten malos olores. Construyen puentes fantásticos con lianas y palos gigantescos. Las mujeres tejen las mochilas con algodón y cabuya y se las cuelgan con los bebés en la cabeza, los hombres las utilizan para llevar el totumo de mambear y las de cabuya las hojas secas de ayu (una coca ornamental con fruticas rojas) que intercambia en cada saludo. Las mujeres son las que cosechan el ayu y dan a luz debajo del arbusto sagrado.Solo llegar hasta el sitio donde Santos recibió el bastón de mando es un desafío. 3 horas en jeep por trocha y 3 horas más a pie por caminos empedrados, a veces embarrados y resbalosos, dormir en hamaca en un bohío colectivo con piso de tierra y con una hoguera con humo para no morirse del frío, tomar agua de panela y mascar ayu para entretener el hambre y luego devolverle a la madre naturaleza con los pies sobre la tierra todo lo que nos ha dado es un experiencia única y un reto de sobrevivencia y convivencia.

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