El futuro de Barú

El futuro de Barú

Enero 10, 2014 - 12:00 a.m. Por: Angela Cuevas de Dolmetsch

¿Quiénes son los dueños de yates y veleros? No son los 10 o 20 cacaos que tienen casas en las Islas del Rosario, ni son los descendientes de los millonarios. Vienen del interior y son cachacos, navegan en yates de medio millón de dólares y jet esquís a velocidades estrafalarias destruyendo los manglares con su oleaje y se parquean en la playa de los nativos en la Ciénaga de Cholón en la Isla de Barú. Los equipos de música estridentes causan una contaminación ambiental que ni siquiera los oídos de los costeños acostumbrados a la rumba lo toleran. Los nativos ahora dueños de Playetas han puesto avisos pidiendo que se controlen los decibeles sin ningún éxito pues según dicen las malas lenguas desde las 10 de la mañana llegan ebrios de aguardiente y de cerveza, con bolsas de basura que tiran inclementemente al mar o en las playas.Las islas del Rosario son una caricatura de la Historia de Colombia. Casas abandonadas, esa es la de Pablo Escobar y la otra la de ‘Chupeta’, dice el guía con orgullo, señalando los sitios turísticos, ahora en manos de estupefacientes. También está la casa de los huéspedes ilustres de Presidencia no muy lejos de la que se ganó el premio de arquitectura en los años de la mafia y que luego pasó a algún emergente para terminar a la merced del viento y de la sal.En los últimos años han proliferado los hoteles. A Barú se llega o por lancha o carretera, buses llenos de bañistas atraviesan en los bongos que aun cruzan el canal del dique pero que pronto quedarán sin trabajo pues está en construcción a marcha acelerada, el puente de Pacific Rubiales financiado por la petrolera para darle servicio a Puerto Bahía, el puerto seco desde donde saldrán toneladas de barriles del crudo colombiano hacia mercados internacionales.Los caseríos aledaños olvidados por el progreso empiezan a desarrollarse desordenadamente. Santana en la primera punta de la Isla de Barú, aún no cuenta con calles asfaltadas así la carretera que va hasta la mitad de la Isla esté pavimentada y Barú el caserío de pescadores donde Juan sin nadie aún pesca langosta con aletas desbaratadas y careta llenas de hongo no tiene agua. Apenas ahora gracias al interés de la asociación de vecinos de Cholón va a empezar a tener manejo de la basura y algunas fuentes ecológicas de ingreso para que las mujeres cabeza de familia, sobrevivan y los jóvenes que terminan bachillerato en el colegio que financió Julio Mario Santodomingo puedan beneficiarse del progreso que traerá la carretera, capacitándose, en hotelería y turismo, guías y guardacostas ecológicos. Serán ellos los y las jóvenes los que defiendan este parque natural para que su desarrollo sea controlado pues al paso que va con la corrupción y el manejo amañado de las licencias ambientales me temo que el dinero tendrá prioridad sobre lo ecológico y terminaremos destruyendo uno de los pocos paraísos que aún quedan en el mundo.

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