El Camino del Ayu

Diciembre 13, 2013 - 12:00 a.m. Por: Angela Cuevas de Dolmetsch

Que sorpresa encontrar que esas hojitas verdes claras, con pepitas rojas que servían de cercas en las casas de Versalles en mi infancia eran lo mismo que los Koguis cultivan en la Sierra Nevada de Santa Marta. Ellos las intercambian como señal de saludo y bajo sus ramas sagradas nacen los niños en las comunidades ancestrales. Los hombres aún mambean para no sufrir soroche y en Colombia donde es ilegal se ha permitido su cultivo o el presidente Santos se hace el de la vista gorda pues fue allá donde le dieron su bastón de mando cuando fue elegido. Esas mismas hojitas son las que les sirven a diario a los visitantes en el país del presidente Evo Morales, para no sufrir soroche. En Bolivia bajo la constitución del 2009 la coca es reconocida “como patrimonio cultural” y este año la ONU le permitió reingresar a la Convención Antidrogas de 1961 con la excepción que permite el tradicional masticado de coca dentro del país. Evo Morales, líder de los cultivadores legales, se hizo elegir Presidente con el eslogan ‘Causachum coca’ o ‘viva la coca’. Los españoles apoyaron su cultivo y se la suministraban a los mineros indígenas que en esta forma resistían arduas jornadas de trabajo a 4.000 metros de altura en las minas de plata de Potosí, llenando las arcas del Reino Español. Hoy en día en Bolivia si bien la cocaína y la marihuana son prohibidos, la hoja de coca forma parte de la canasta familiar, se vende en los mercados, se consume en aguas aromáticas y medicamentos. Mascan entre 35 y 40 hojas mezcladas con ‘legía’, un alcaloide de potasio, cal y quinoa que según parece no tiene efectos secundarios desastrosos. Como medicamento dicen que quita el apetito para los que comen demasiado y que es un tónico para el sistema nervioso.Bolivia es el tercer productor de coca después de Perú y Colombia, mulas humanas atraviesan a pie la frontera con Chile a 5.000 metros de altura cargando bultos de cocaína. Así sus cocaleros han empezado a convertirse en narcotraficantes. Mansiones se ven en la invasión El Alto, el sombrero de miseria de la Paz, con colores y vidrios extravagantes. La violencia cobró hace poco la vida de varios policías en la región de Evo. Es el país con el menor ingreso per cápita de Suramérica. Como destino turístico no tiene igual, los salares, el desierto a 5.000 metros de altura, los nevados y las lagunas multicolores con sus flamingos. La minería ha sido fuente de ingresos y en los años 20 Simón Patiño, el hombre más rico del mundo era boliviano, pero el país ha sido saqueado y la corrupción es rampante, y en La Paz las calles empedradas conviven con los grafiti y los arbustos de basuras remplazan los almendros.¿Cómo conciliar estas dos realidades? Las Farc y tímidamente el Presidente están proponiendo una convención mundial donde cada país asuma su responsabilidad. ¿Será esta la solución?

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