Devaluación y prosperidad

Agosto 21, 2015 - 12:00 a.m. Por: Angela Cuevas de Dolmetsch

La devaluación del peso tiene a eruditos economistas, financieros y diletantes especulando sobre cuáles serán las repercusiones para el país de este fenómeno que aún no se ubica en la escala de 1 a 10 de favorabilidad o rechazo. Entre todas las opiniones quizá la más coherente es la del Presidente Santos, que admite francamente que el país necesitaba este ajuste, pues estábamos comenzando a tener un resfriado holandés, dependiendo demasiado del sector minero energético. Reconoce que es una oportunidad de oro para las exportaciones y la industria nacional, que llevaba años sin ser competitiva minando la base productiva y aumentando la tasa de desempleo. De todos modos, las cifras de desempleo están afectadas por un porcentaje alto de la población que vive de las remesas de los 5 millones de colombianhos que trabajan en el exterior y que religiosamente envían una mesada a sus familiares mensualmente.Por años el segundo renglón en la balanza de pagos han sido las remesas después del petróleo, que ahora con el desplome de los precios del crudo le está significando al país su tabla de salvación en materia de ingresos de divisas. Si bien a diferencia del petróleo estas no son ganancias para el Estado sino que llegan directamente al bolsillo de la población elevando el nivel de vida y la capacidad adquisitiva de los menos favorecidos, es interesante lo poco que se conoce este sector, pues los analistas lo han ignorado olímpicamente. Con la devaluación del peso, un giro promedio de 300 dólares, que le significaba a una familia 510.000 pesos a la tasa de 2700, es ahora 900.000 pesos, o sea un aumento en un año del 90 %, cifra imposible de alcanzar con un simple aumento salarial. Los más beneficiados indudablemente con la devaluación del peso son las ayudas familiares. Los colombianos en el exterior están comprando propiedad raíz, y si antes hacían un viaje al año a la madre patria, ahora viajan tres veces.El sector de exportación con el peso sobrevaluado tuvo que bajar sus costos a lo mínimo para poder competir en los mercados internacionales o producir artículos de óptima calidad, como las carteras de Nancy González, que se codean con las de Gucci y Calvin Klein y ahora pueden disfrutar de la tan merecida bonanza después de haber sobrevivido la falta de competitividad de los productos colombianos. Colombia se convierte en el destino turístico de moda con tres vecinos en crisis, Venezuela, Ecuador y Brasil. Y para nosotros, los colombianos, no más zanahorias ni pollos genéticamente modificados, más arepas y menos pan, más tilapia y menos salmón. Más viajes a Caño Cristal, el río más lindo del mundo, y el Parque del Café y menos Miami y Disney World. ¿Y para navidad? Juguetes didácticos de nuestra propia industria. No más ‘Peppa pigs’ ni la ametralladora más potente.

VER COMENTARIOS
Columnistas