Colombia se desbarata

Febrero 24, 2012 - 12:00 a.m. Por: Angela Cuevas de Dolmetsch

Aunque la economía va bien, hay reservas por parte de nuestros aliados estratégicos tanto financieros como políticos por el recrudecimiento de la guerra y los atentados terroristas tan cerca de las ciudades. Algunos analistas dicen que es culpa del gobierno anterior, por haber mentido descaradamente sobre las desmovilizaciones y haber exagerado los éxitos militares del Ejército. Otros culpan a las Cortes por abrir procesos disciplinarios y penales y remover la historia, desmoralizando a las Fuerzas Armadas que contaban con una popularidad inusitada durante el gobierno de Uribe. Ahora no se atreven a actuar por miedo a las represalias jurídicas que pueden terminar en carcelazos o juicios costosos tanto en dinero como en tiempo. Hasta a Belisario Betancourt, a su avanzada edad, quieren empapelarlo como si no hubiéramos hecho ya la catarsis de la reinserción del M19 y otros grupos combatientes pensando en el perdón y, si no en el olvido, por lo menos en la conciliación y el borrón y cuenta nueva.Ya hemos tenido alcaldes, ministros jefes y jefas provenientes de ex-grupos alzados en armas, la mayoría lo ha hecho y lo está haciendo bien. Y aunque las críticas no cesan, por lo menos los han dejado gobernar. Algunos se han enredado, es cierto, como los Moreno en Bogotá. Y si bien eran parte del Polo Democrático ambos vienen de cunas privilegiadas y ninguno de los dos estuvo en el monte.El presidente Santos tiene otro estilo, viaja mucho, tiene amigos importantes, le está apostando a la restitución de tierras y esto ha recrudecido la violencia; es un reto arduo, duro y no pareciera tener un norte de verdad. Qué hace un campesino con hectáreas de terreno si no van acompañadas de planes de vivienda productiva, de acceso a la educación y a la tecnología. Y con el perdón de los hombres, esos beneficios deberían recaer en las mujeres que han sido las víctimas silenciosas de los despojos y que además tienen a cargo los hijos, pero ellas gritan menos y a veces pasan de agache. Sería interesante replicar experiencias que ya existen, lideradas por mujeres, como las eco-aldeas productivas que permiten una mejor calidad de vida para las familias, donde el trago, el maltrato, la violencia intrafamiliar no son bien vistas y por lo menos pueden ser controladas por comités de convivencia liderados por mujeres. Además, pareciera que el presidente Santos no estuviera consciente de que en Colombia ha vuelto el miedo. Ya no se ve la tropa en las carreteras ni los afiches que nos aseguran que el Ejército está con nosotros. A él lo vemos en la televisión, siempre con sus trajes impecables de corte inglés, inaccesible, intocable y a veces distante. No añoro a Uribe, pero sí me asusta el espíritu revanchista que enrarece el ambiente político, mientras el país se desbarata.

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