Aire fresco en Europa

Agosto 12, 2011 - 12:00 a.m. Por: Angela Cuevas de Dolmetsch

Quién iba a pensar que las campañas contra el tabaco terminarían convirtiendo los parques y demás espacios públicos, donde la gente se escapa para respirar aire fresco, en fumaderos permanentes sin restricción alguna. Los que hicieron las campañas a favor de los fumadores pasivos, impidiendo que se fumara en aviones, hoteles, oficinas y otros recintos cerrados ahora sufren con la invasión del humo en los sitios más sagrados del movimiento ambiental, aquellos que les quitamos de las garras al monóxido de carbono causado por los vehículos, como son las calles peatonales y las zonas verdes. Y lo más grave es que entre más turismo atraiga la ciudad, mayor es el humo y la contaminación. En Venecia, donde no hay carros ni motos ni camiones y donde las góndolas surcan románticamente los canales internos, el humo del cigarrillo invade todos los espacios públicos. Las interminables colas para ver las atracciones turísticas son una tortura para los no fumadores y los restaurantes han optado por sólo servir afuera, obligando a niños y adultos a tragarse el humo del cigarrillo de los contaminadores o a optar por los comederos de cadena, donde se pierde el atractivo de la comida italiana, uno de los placeres de visitar ese país. Con todo y el humo del que tampoco se escapan Londres ni París ni Madrid, Venecia sigue teniendo su encanto, sobre todo en la época de la Bienal de Arte. Allí se dan cita los mejores artistas del mundo, representando a sus países. Italia decidió este año que su muestra de 600 obras sería escogida no por los curadores, ni vacas sagradas del arte, sino por intelectuales, profesores universitarios, escritores, músicos y poetas de renombre. La convocatoria se hizo abierta y en ella participaron tanto los más reconocidos artistas, como estudiantes de arte y colegiales que en alguna forma se destacaron en las academias. Si bien el espacio no es nunca suficiente, lo mejor de la Bienal fue indudablemente la muestra de Italia. Una sección dedicada a la mafia, con recortes de periódico ambienta cabinas con un recuento real de la peor era de la mafia italiana, como un mensaje para que esa nación no olvide y nunca vuelva a pasar. De todos modos, el aire de Europa este verano no sólo está contaminado por el humo del cigarrillo, sino que los vientos de recesión económica no dejan de soplar y en Londres, con dos eventos de importancia el próximo año: los 60 años de reinado de Isabel II y las Olimpiadas, no pueden darse el lujo de que los facinerosos pongan a prueba la labor de la mejor Policía del mundo.

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