Volver al Caguán

Enero 16, 2012 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Valencia Tovar

¡Qué más quería Timochenko! El nuevo cabecilla en jefe de las Farc inicia su mandato con una conducta entre conciliadora y arrogante. Mientras por un lado anuncia la liberación de seis secuestrados sin precisar fecha, lugar y modo, por otra desata como es usual en su movimiento ‘revolucionario’ actos terroristas y esporádicos ataques a fracciones de la Fuerza Pública y a caseríos indefensos. Lo último es el ofrecimiento ‘generoso’ de retomar los diálogos de paz interrumpidos en el Caguán a partir de la ruptura forzada por ‘Tirofijo’ en la época de oro de las Farc. ¿Qué puede buscar alias Timochenko con su insólita oferta? El Presidente Santos ha sido enfático al dejar la puerta abierta, no para diálogos interminables urgentemente necesitados por las Farc para rehacer sus maltrechas huestes en procura de reiniciar la lucha por el poder, sino para concertar la liberación de los cautivos inicuamente mantenidos en oprobiosas condiciones durante años y la forma de efectuar la desmovilización y el desarme que hagan posible la paz.Así las cosas, resulta obvio que tanto la liberación anunciada como la oferta sobre reanudación del engaño de El Caguán son cantos de sirena para obtener presiones de ONG proclives a sus fines, familiares de secuestrados y organizaciones pacifistas de Colombia y Europa, que indirectamente coloquen al Gobierno y en particular a los militares en posiciones guerreristas intolerantes que impiden alcanzar la paz negociada.Mucha agua ha pasado bajo los puentes de la historia desde cuando ‘Timochenko’ formulaba con el Secretariado de las Farc arrogantes exigencias a un Gobierno crédulo y condescendiente para sostener conversaciones inútiles que no llegaron a revestir una seria negociación de paz. Pretender la reanudación de los diálogos frustrados ya no engaña a nadie. Mejor haría Rodrigo Londoño Echeverry despojándose de su ridículo alias de mariscal soviético para pensar y actuar como un colombiano que tiene ante sí la coyuntura histórica de lograr la paz auténtica de su patria, poniendo fin al delito continuado hasta terminar como sus extintos antecesores en la cúpula de un movimiento que fue revolucionario, pero degeneró en el negocio maldito de narcotráfico, con el terror como estrategia fracasada.Nunca es tarde para rectificar una conducta equivocada. Si la revolución marxista fue un espejismo acariciado como ideal, persistir autoengañándose hasta caer en la senda sangrienta no es error sino estupidez.

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