“Tolemaida resort”

Abril 11, 2011 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Valencia Tovar

Con este sugestivo título en la carátula, la revista Semana publica en su edición 1509 (4 a 11 de abril de 2011) un extenso y bien ilustrado artículo destinado a presentar la prisión militar con sede en la guarnición militar de Tolemaida, Cundinamarca, como centro vacacional y de recreo, sinónimos castellanos del anglicismo no incorporado aún al diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. No es el propósito de la presente columna analizar la crónica en sí, pues para ello se requeriría una información completa que el autor no posee, ni penetrar en la fragilidad del texto, los supuestos internos del penal que acusan a sus comandantes ni la actualidad de las fotografías que los acompañan.Lo que interesa es ilustrar sobre el porqué de los establecimientos carcelarios especiales y las razones por las cuales existen a la luz del Fuero Militar, sobre bases constitucionales, legales y, no menos importante, justificadas en el caso de militares incursos en delitos cometidos “en el servicio y por razón del mismo servicio”, como los describen las Constituciones de 1886 y la actual de 1991. La Nación y el Estado deben aceptar la realidad de una guerra político-jurídica en Colombia, que se intensifica en la medida en que decrece la capacidad de la guerrilla terrorista y narcotraficante para alcanzar el poder por medio de las armas, con utilización perversa de “todas las formas de lucha” contempladas por el marxismo revolucionario.Aceptando que dentro la degradación del conflicto interno miembros de la Fuerza Pública lleguen a cometer atropellos y delitos contra el Derecho de Gentes, son muchos los casos de acusaciones tendenciosas y desfiguraciones de hechos reales para convertirlos en crímenes de lesa humanidad. Sería inicuo por decir menos, que militares injustamente judicializados en cumplimiento del deber entren a compartir en cárceles comunes la promiscuidad con malhechores de la peor laya, sujetos los militares a venganzas y oprobios por parte de quienes hubieron de combatir por mandato del deber institucional, mientras el lento discurrir de una justicia no siempre imparcial espera el resultado de impugnaciones e instancias jurisdiccionales superiores a las que emitieron el fallo original. No olvidemos actuaciones memorables de colectivos de abogados y organizaciones no gubernamentales proclives a la subversión, de las cuales se han desprendido tremendas injusticias y persecuciones contra militares cuyo honor, buen nombre y situación familiar han sido maltratados en forma irreversible así a la postre resulten inocentes.

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