Relación costo beneficio

Agosto 30, 2010 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Valencia Tovar

Este axioma de la economía general debe llevarse con objetividad a la Hacienda pública, despojando proyectos y aspiraciones ciudadanas de la politización que ofrece muchas veces lo imposible en el esfuerzo de captar votos en las elecciones. El metro de Bogotá es claro ejemplo de lo que debe evitarse. Por constituir aspiración sentida durante años, se convirtió en lema central de la lucha por la Alcaldía Distrital en las pasadas elecciones, concretada en promesa del vencedor en la justa comicial. Promesa que la ciudadanía ilusa está cobrando al autor que la formuló sin estudios de factibilidad, cálculos realistas de costos, disponibilidades presupuestales y capacidad de endeudamiento sin hipotecar el futuro.La relación costo beneficio no se tuvo en cuenta al asignar al tren subterráneo carácter prioritario como solución a la movilidad urbana; el Secretario de Hacienda saliente revela cifras sobrecogedoras de lo que significaría un tramo apenas del metro por construir en un sector crítico del centro de la capital, urgido de solución a la abrumadora congestión vehicular, pero que no respondería a la que se requiere para toda la urbe afectada en escalas variables por el problema. En un acuerdo distrital con la Nación, el gobierno capitalino aportaría un 30% del costo del metro, sobre la base de un estimativo de $1.666 millones por kilómetro, cifra irrisoria frente a los costos reales que, en el de San Paulo, Brasil asciende a los 200 mil millones kilómetro como lo señala en objetivo artículo de El Tiempo el ex alcalde Enrique Peñalosa, iniciador del sistema de buses articulados, en marcha en diversas ciudades del país y modelo para otras urbes universales.Sobre la misma base de cifras citadas por el ex Secretario de Hacienda de Bogotá, la capacidad de endeudamiento del Distrito es de US$500 millones, cifra que hipotecaría al Distrito Capital hasta el 2016, suponiendo que los contratos respectivos no resultaran dos o tres veces los cálculos iniciales, como ocurre sistemáticamente con los que cubren construcciones viales en la Nación, por sobrecostos, dilaciones culposas, interventorías astronómicas e imprevistos, cuando no devorados por la corrupción y los pleitos perdidos con los constructores. Lamentable que el Alcalde no pueda cumplir su ilusa promesa de campaña, pero no por alimentar su ego político la ciudad debe declararse en quiebra anticipada. Mucho menos cuando Transmilenio a menor costo moviliza el doble de pasajeros. Importante lección para otras ciudades.

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