Reforma, ¡qué frustración!

Junio 18, 2012 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Valencia Tovar

Fuimos muchos los colombianos que confiamos en que la oportunidad excepcional de reformar a fondo la justicia en Colombia sería aprovechada para producir lo que en palabras de César Gaviria sería un revolcón. Conocí el proyecto inicial del Gobierno, defendido heroicamente por el ministro de Justicia, Juan Carlos Esguerra, pero poco a poco se fue desvertebrando en la medida que los intereses creados lo acomodaban a sus necesidades y conveniencias, hasta convertirlo en una especie de diálogo de cumbres, en el que la Corte y los honorables congresistas se hacían mutuas reverencias con un mal oculto contenido: yo te doy pero tú me das y todos tan contentos.La tercera parte de los magistrados pedía la prórroga de sus cargos por doce años. La obtuvieron pasando por alto la oposición del Gobierno y la letra de la Constitución. ¡Qué importa! Se trata apenas de romperle una vértebra más después de las muchas mutilaciones que han desfigurado paulatinamente la Carta del 91 hasta hacerla irreconocible. En semejante inestabilidad, añoramos los 103 años de la Constitución de 1886, que en su centuria larga de vigencia experimentó cuatro reformas puntuales sobre materias que respondieron a la evolución de tiempos y circunstancias. Es cierto que faltó modificar la figura del Estado de Sitio y su efecto de turbación del orden público, que se habían convertido en recurso del Ejecutivo para enfrentar la trágica ruptura interna de la normalidad a partir del 9 de abril de 1948. Para ello bastaba un acto legislativo.Da la sensación de que en el intercambio reverencial de intereses, la reforma fue un blindaje de los honorables padres de la patria frente a la Fiscalía y a la Corte Suprema, que tenían empapelados a más de 60 parlamentarios por toda clase de violaciones de la ley penal e inconfesables alianzas con mafias y narcotraficantes. Todavía nos preguntamos qué ocurrirá con investigaciones y procesos en curso, pero es de temer que el resultado será una elegante contribución de la Reforma a la impunidad de alto nivel, cuando esperábamos que sería remedio a tan grave cáncer de la vida colombiana.Esperamos conocer el texto completo de la tan cacareada reforma, para formar un criterio definitivo. Mucho me temo que será poco lo que habré de rectificar y mucho lo que será preciso añadir a esta visión inicial.

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