Reelección de alcaldes y gobernadores

Septiembre 13, 2010 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Valencia Tovar

Entre los proyectos de ley presentados por el Ejecutivo al Congreso, el destinado a la reelección de alcaldes y gobernadores amerita un cuidadoso estudio basado en la realidad de los ámbitos departamental y pueblerino. Particularmente el segundo, que el autor de este perfil pudo analizar de primera mano desde sus tiempos de servicio activo y reafirma con la percepción de su acontecer actual.Si bien las ciudades mayores han registrado en la capacitación de su electorado un notorio avance –sin alcanzar en la mayor parte de los Departamentos el nivel deseable–, en aquellos poblados enriquecido por regalías petroleras en gran medida devoradas por el gasto suntuario, los contratos espurios, la corrupción y la codicia insaciable de contratistas, intermediarios y alcaldes venales, asistidos por concejos municipales contagiados de las danzas de los millones, la reelección se convertiría en objetivo para prolongar semejante estado de cosas.No es sino inventariar las irregularidades de los procesos electorales de recientes comicios, para darnos cuenta de la avalancha de trampas, dolos, reclamaciones por fraude, desplazamiento masivo de lectores, compra de votos y otras lacras bien conocidas, para calcular lo que sería la reelección como campo de agramante para todo este abigarrado conjunto de desfiguraciones antidemocráticas.Si el alcalde o el gobernador han sido honestos y eficientes, la lección que legan a sus sucesores y al mismo electorado es elocuente. Aquellos y éste, apreciarán la importancia de escoger sus gobernantes por méritos ciudadanos y probidad reconocida bien en el servicio público o en la empresa privada. La prensa en este ámbito es un juez raras veces comprometido en el granaje de intereses y ambiciones y en cambio impulsado por su voluntad de servir y gobernar bien. Ya habrá nuevas oportunidades futuras que contradicen el pensamiento cervantino de nunca segundas partes fueron buenas. Una gobernación repetida como la actual de Andrés González en Cundinamarca o la de Alvaro Uribe Vélez que en Antioquia halló el reconocimiento público para hacerse en una segunda etapa, no cabeza departamental sino Presidente de la República.Ante tales consideraciones deducidas de la realidad histórica y actual, ¿tiene alguna lógica lanzarnos por rutas de tormenta y aventura?

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