Propuesta para un propósito nacional

Abril 08, 2013 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Valencia Tovar

A diario vemos en los noticieros de televisión ríos y quebradas desbordados, invadiendo zonas de cultivos y de ganadería que perece por ahogamiento o atrapada en el fango arrastrado por los torrentes pluviales. Derrumbes que causan similares destrozos. Los años 2010 y 2011 fueron particularmente crudos. Diques destruidos por las crecientes del Magdalena y el Cauca, causaron daños de reparación prolongada y costosa que muchas alcaldías, varias gobernaciones y el propio gobierno nacional tuvieron que recurrir a créditos extraordinarios con detrimento de sus presupuestos para vías, educación y desarrollo. Al Presidente Santos le escuchamos por la televisión que los agudos cambios climáticos habían configurado el karma de su gobierno.El registro gráfico de las catástrofes en la prensa y las alarmas continuas por la radio resultaban deprimentes, y quienes las recibían en barrios marginales, sin tener a donde trasladarse, aguardaban estoicamente la destrucción de sus precarias viviendas y escasas pertenencias. Claro está que las perturbaciones climáticas son parte de un problema global, del que son principales culpables las grandes potencias industriales, productoras en gran escala del monóxido de carbono, pero ningún país puede eximirse de culpa. En nuestro caso, no solamente pagamos una alta cuota de responsabilidad, más por la destrucción de los bosques que suavizaban la fuerza de los vientos, protegían la capa vegetal del suelo y retenían las aguas lluvias invernales para liberarlas paulatinamente durante las sequías. Tal el caso del frailejón, la guadua, el sauce llorón, la cañabrava y el chusque.Deslizamientos de taludes interrumpen por días y hasta semanas el tránsito vehicular, encareciendo artículos de primera necesidad y desabasteciendo regiones enteras al paso que los víveres perecederos se pudren en los camiones. ¡Qué hacer ante la catástrofe que nos aguarda en el empeoramiento incontenible de los desastres repetidos?La respuesta nos compromete a todos, cada cuan en su esfera de actividad, para dar forma a un propósito nacional que comience por la aceptación franca y generosa del problema. Nuestros dirigentes políticos tienen la palabra y también el comienzo de una gestión de largo aliento, cambiando sus obsesivas reyertas electoreras y acepten el desafío de la Historia.

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