Nuestras medallas olímpicas

Nuestras medallas olímpicas

Agosto 27, 2012 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Valencia Tovar

Lo que mejor unifica el sentimiento colombiano hasta convertirlos en pasión colectiva son las victorias de nuestros deportistas. En el caso de los Juegos Olímpicos de Londres las medallas de oro plata y bronce que colocaron a Colombia de tercera en el escalafón latinoamericano, por encima de reconocidas potencias regionales como México, Argentina, Chile y nuestra vecina Venezuela que por muchos años estuvo por delante a nivel panamericano, estremeció hasta la locura la afición nacional y la que sólo ahora se suma al torrente enardecido.El entusiasmo es tal, que se llega al extremo de pedir un ministerio del deporte, lo cual es un error. Elevar costos, burocracia, instalaciones, vehículos, corbatas, secretarias, jefes y subjefes en poco o nada beneficiarían el progreso deportivo del país. Dos entidades presididas por funcionarios laboriosos, conocedores del ámbito atlético, metódicos, imparciales, ajenos a toda influencia de la politiquería que inunda la administración pública, cumplieron la gigantesca tarea de seleccionar, preparar, explotar habilidades naturales de los seleccionados, lograron los éxitos sin precedentes alcanzados en Londres, que ganaron reconocimiento mundial y simpatías perceptibles en las estupendas transmisiones de caracol.Baltazar Medina en el Comité Olímpico Colombiano y Andrés Botero en Coldeportes, merecen el crédito, comparable al de los medallistas preparados por el esfuerzo admirablemente coordinado de sus dos instituciones. Ojalá la obra emprendida por los distinguidos dirigentes no se eclipse en manos de quienes los suceden. Infortunadamente Andrés Botero presentó renuncia al término de los Juegos de Londres. Pueda ser que Baltazar Medina no lo haga para que contribuya a esa encomiable gestión y su necesaria proyección hacia el objetivo de Río de Janeiro en 2016.El gobierno del presidente Santos que auspició con entusiasmo la ruta hacia Londres, ojalá no caiga en la emotiva pero innecesaria creación burocrática del Ministerio de Deporte, que la clase política acecha ansiosa, no como entidad de progreso y desarrollo, sino como nuevo botín politiquero y contratos amañados. Uno mi voz y mi columna, al aplauso cálido a Mariana Pajón y su maravilloso grupo de héroes y heroínas.

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