Minería y tragedias

Minería y tragedias

Octubre 25, 2010 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Valencia Tovar

Dentro del lapso de un mes, el drama de los 33 mineros de Chile atrapados en un compartimento del socavón abierto por años de labor y la tragedia de dos parejas de colombianos desaparecidos bajo derrumbes de sendos socavones, ponen al descubierto la necesidad de estudios profundos sobre la explotación de yacimientos minerales bajo tierra. Situaciones similares de ocurrencia reciente en México y otros países acentúan esta demanda universal por soluciones hasta el momento buscadas en los escenarios de los hechos deplorables. Soluciones casuísticas no son las que deben buscarse, sino remedios y prevención que pongan a los trabajadores fuera, hasta donde sea posible, de riesgos inminentes. Chile ha emprendido ya el estudio de circunstancias comunes a la minería en su país. Otros gobiernos deberían seguir su ejemplo, aplicado a su propio problema.En Colombia, no se trata sólo de regular las explotaciones subterráneas, en busca de reglamentaciones globales que protejan al hombre en su peligrosa labor. Se requiere con urgencia que la minería en los socavones se enfrente en forma concurrente con la de superficie. En otras palabras, que los ministerios de Minas y Ambiente adelanten un estudio profundo de una situación que atañe a la conservación de los recursos naturales seriamente amenazados, tanto como a la vida y suerte de los trabajadores con la cobertura justa de casos fortuitos que desborden las previsiones. Paralelamente, junto con las compañías mineras, el diseño de medidas de eventual rescate incluyendo equipos humanos y técnicas que utilicen la experiencia chilena para abocar el salvamento de personas y grupos afectados por los gases que en las entrañas de la Tierra generan ciertos minerales como el temible grisú del carbón.Chile ha dado un ejemplo grandioso de nación unida anímica y pasionalmente a 33 vidas humildes, por fortuna aisladas en un compartimento rocoso, no aplastadas por derrumbes como ocurrió en nuestro país, donde el rescate no podía ser de vidas sino de restos humanos. Motivo de admiración universal ha sido la movilización de recursos, espíritus, tecnología y liderazgo presidencial para armonizar ese conjunto de talentos y capacidades que desembocó en el final épico presenciado por millones de seres en el mundo entero, que seguimos las peripecias del rescate, en el que un minero de rodillas agradeciendo a su Dios, otro besándose con la novia de cinco años en ausencia de la esposa legítima herida en su dignidad, contrastan con el conmovido abrazo presidencial a cada uno de sus 33 compatriotas extraídos del abismo.

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