Matrimonio gay

Matrimonio gay

Agosto 01, 2011 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Valencia Tovar

Con el envío del caso por la Corte Constitucional al Congreso y la acotación del derecho de los homosexuales a formar una familia, se deja en claro que la preocupación, compartida por la prensa, se apoya en la igualdad ciudadana ante la ley como factor gobernante, fundamento social de nuestra Constitución. Hasta aquí el razonamiento es indiscutible. No obstante, se omite el otro aspecto fundamental: Los derechos de la infancia que pueden ser vulnerados por una unión ajena al ser biológico de la especie.La naturaleza hizo al hombre y la mujer diferentes con el determinado fin de procrear. Desde ese punto de vista, el homosexualismo es una anomalía biológica y en la mayor parte de los casos quienes la sufren no son responsables. Si el amor, que es mandato de la vida, se despierta entre dos seres del mismo sexo, no puede condenarse como tal. La unión legal de esos dos seres debe respetarse, concediéndoles igualdad de derechos al de los matrimonios heterosexuales, excepto en la posibilidad de adopción de niños, que tampoco tienen la culpa de la anomalía que afecta a sus padres adoptivos.Aquí es donde el niño entra a jugar el papel preponderante. Su educación debe ser el resultado de las influencias distintas que la madre y el padre están llamados a ejercer. No son iguales porque así lo determina la sicología de quienes al unirse en matrimonio adquieren la responsabilidad de formar a sus hijos en los moldes propios de sexos biológicamente distintos. Es bien difícil que los niños al crecer hallen en sus dos padres o sus dos madres adoptivos situaciones diferentes a las de sus compañeros del colegio, compartan el mismo lecho y reciban el nombre afectivo de papás o mamás. Los efectos traumáticos que tales circunstancias pueden causar en el niño o la niña no pueden marginarse de la discusión que ha entrado a girar en torno a los derechos de la pareja, con total olvido de los niños que merecen idéntica atención y no deben sufrir trastornos en sus vidas por causa de la conducta anómala de quienes no son sus progenitores.La adopción por parejas heterosexuales no contraría ninguno de los aspectos aquí contemplados. En cambio contribuye a proporcionar a los niños adoptados una existencia que compensa la horfandad, el abandono consciente o cualquiera otras motivaciones hayan conducido a su soledad. La adopción, bien orientada, puede despertar en el niño adoptado una gratitud adicional, porque sin tener las obligaciones propias de los sentimientos paternales y materiales, le prodigaron amor y cuidados. La pareja homosexual tiene idénticos derechos civiles, menos el de adopción.

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