Lucha contra la corrupción

Febrero 28, 2011 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Valencia Tovar

La conducción de hombres por el ejemplo es uno de los pilares fundamentales del buen mandar. Por lo tanto el proyecto de ley contra la corrupción presentando por el Gobierno se ha abierto paso con inusitada rapidez en el Congreso, pues el Ejecutivo con el presidente Santos a la cabeza han sentado ejemplo de honestidad diamantina, frente a la cual el Parlamento se ve obligado a respetar y ojalá a seguir el ejemplarizante comportamiento que hoy ofrece la Presidencia.Las drásticas sanciones contempladas en lo que en breve será ley de la república son elemento disuasivo de indiscutible valor, máxime si se tiene en cuenta que la Fiscalía, Procuraduría y Contraloría demuestran una férrea voluntad de buscar el delito, sancionar cuando las leyes lo permiten o entregar los expedientes acompañados de un acervo probatorio que la Justicia no puede eludir en su responsabilidad sancionatoria.El ejemplo de los órganos del poder público al depurar su comportamiento, la ciudadanía terminaría haciendo lo propio comenzando por el sector empresarial, culpable muchas veces de la defraudación al tesoro al recurrir al cohecho y al soborno para ganar licitaciones, presentar costos acomodados al mismo propósito y obtener más tarde reconocimiento de ajustes en dinero y alargue de plazos que la entidad contratante se ha comprometido anticipadamente a conceder.Grave sobremanera es que dentro de este propósito la más alta entidad de la Justicia, el Consejo Superior de la Judicatura en la que tuvimos tanta confianza los colombianos, exhiba la deplorable corruptela de los auxiliares autorizados por la ley, pero contratados por el tiempo mínimo requerido para obtener pensión millonaria, lo que se practica con personas próximas a la jubilación. Dos señores magistrados -lamento no haber procedido el título del vocablo “honorables”- hombre y mujer, cambiaron más de doce auxiliares en el lapso de un año con pretextos entre cínicos y ridículos, como el que lo hicieron porque sus servicios no estuvieron a la altura de las exigencias por ellos demandadas. Este desdichado mal ejemplo, desciende por los niveles del órgano judicial y en buena parte explica la corrupción que anida a la sombra de la majestad de la justicia.La ciudadanía, con la prensa como intérprete y vocero, debe acompañar el enorme esfuerzo del Gobierno para depurar el servicio público hasta recobrar sus patrones éticos en los tiempos en que la dignidad y la honradez eran sus distintivos más apreciados. Quienes deseen informarse mejor sobre el escándalo del CSJ, pueden consultar la dramática relación presentada por la revista Semana en su última edición.

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