Labor reconocida

Labor reconocida

Noviembre 08, 2010 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Valencia Tovar

El reconocimiento que respetables entidades internacionales han otorgado a la Sijín de Colombia, nos hace recordar el capítulo de un precioso librito que muchas mamás nos leían de pequeños: Corazón, de Edmundo de Amicis. Dejaba en la memoria infantil huella imborrable y coadyuvaba en la formación de muchachitos que en sus páginas hallaban bellos ejemplos de compañerismo escolar, actitudes generosas, comportamientos heróicos como el del Tamborcillo Sardo, cuento mensual italiano. El niño en quien Amicis sitúa su diario escolar, aprende primeras letras en una escuela pública. Hijo de padre adinerado y pendiente de la formación de su pequeño, comparte los bancos escolares con niños de todos los estratos sociales. Cada uno de ellos es un carácter. Garron fuerte y justo, Franti el mismo diablo, Coreta con su gorrito de hule, Deroso el cerebro del curso noble y generoso, el albañilito que con su traje salpicado de cal y pintura mancha el sillón de lectura, y Enrico su hijo que se apresta a limpiarlo es detenido con un gesto paternal, evitando que humille al niño pobre, prefiriendo manchar su impecable traje de gran señor, son todo un manojo aleccionador que se grababa en la memoria de los pequeños en una época en la que no existía televisión destructora.La Sijín colombiana es un modelo de ética, rectitud, preparación de su personal en la difícil ciencia de la inteligencia al servicio de la Justicia. Pero, ¿por qué la reminiscencia con el libro de Amicis? Porque el título de uno de los capítulos de Corazón es ‘Una medalla bien dada’. Es la que otorga la rectoría del colegio al niño que trabaja en el día para ayudar a su padre en el sostenimiento del hogar obrero y de noche se inclina sobre los textos escolares y garrapatea las tareas con dificultad en sus manos toscas de albañil, poco expertas en el manejo de la pluma. Pero así y todo, se destaca por su enorme esfuerzo y por el ejemplar desempeño estudiantil. Por ello gana la ansiada medalla.La misión de la Sijín en un país asediado por el hampa, la inseguridad y el delito, para esta noble y sacrificada entidad no existe el crimen perfecto. Con pasmosa habilidad rastrea, busca, acumula indicios, desentraña misterios y en altísimo porcentaje de los casos que se le confían termina hallando al culpable, al autor intelectual, a cómplices y encubridores, incorruptible, honesta, vertical, es ejemplo para individuos y agrupaciones. Su técnica investigativa parece tener olfato adivinador. En suma, digna al honor y al reconocimiento.

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