La tragedia moral de Sigifredo

Junio 04, 2012 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Valencia Tovar

El único sobreviviente de los doce diputados a la Asamblea del Valle, Sigifredo López, ha sido castigado con un doble viacrucis. Primero el sometimiento a las vejaciones e infamias a las que las Farc condenan a los rehenes de sus secuestros, que precisamente lo tenían separado de sus compañeros de infortunio a causa del castigo que le fue impuesto en otro lugar, que paradójicamente le salvó la vida cuando los demás diputados fueron asesinados a mansalva, según afirman los cabecillas por error al pensar que el Ejército intentaba una operación de rescate. Segundo, el que ya liberado le impone la Justicia de su país, deteniéndolo para rendir indagatoria por un delito que no parece haber cometido.A medida que pasan los días y la investigación adelantada por la Fiscalía se resquebaja en el acervo probatorio que hace pensar en un error monstruoso, los colombianos que seguimos con preocupada atención el vacilante curso del proceso, reafirmamos lo que a primera vista nos pareció falto de pruebas concluyentes de culpabilidad y entramos a compartir el dolor de Sigifredo y de su atribulada familia.En el estremecedor reportaje que concedió el hombre, se pregunta algo que desde el comienzo del drama nos preguntamos miles de observadores objetivos de los traspiés que da la Justicia colombiana cuando cree apuntarse éxitos judiciales que a la postre son atroces injusticias. ¿Qué sentido tiene permanecer cautivo en la selva, padeciendo los horrores de cadenas oprobiosas, humillaciones, lejanía de los seres amados, privaciones de todo tipo, las deletéreas profundidades de escondrijos donde los captores refugian sus temores de perecer por acciones de las fuerzas militares?Los indicios sobre los cuales ordenó la Fiscalía la detención de López parecen demasiado débiles para justificar la medida con el fin de rendir indagatoria: un rasgo físico que por breves segundos de exposición se halló parecido a la fisonomía de acusado, la instrucción que el jefe guerrillero imparte para la bien meditada ocupación del edificio de la Asamblea y practicar el secuestro de los diputados, en la que se ven más la varita y las láminas que el cabecilla guerrillero, parecen muy frágiles frente a las declaraciones voluntarias del guerrillero que desde la cárcel de Cómbita habló para impedir la condena de un inocente. En suma, Sigifredo, estamos contigo y celebramos tu libertad con el mismo entusiasmo que tú, tus hijos, tu esposa celebraron tu primera liberación de las garras del secuestro infame.

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