La sombra siniestra del terror

La sombra siniestra del terror

Mayo 21, 2012 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Valencia Tovar

De nuevo el monstruo insaciable abre sus fauces sangrientas y proyecta su sombra siniestra sobre la existencia colombiana. Lo cubre con el anonimato al mejor estilo de la mafia de los grandes capos que ordenaban el asesinato de quienes consideraran sus enemigos, rivales en el negocio satánico, funcionarios públicos que llegaran a amenazar su imperio, jueces, militares de alto rango que pudieran significar obstáculos para sus fines proditorios.Los movimientos guerrilleros, lo hacían ostensiblemente contra quienes los hubieren combatido con éxito o lo estuviesen haciendo, en calidad de ‘ejecuciones’ sumarias de supuestos tribunales del pueblo, en cuyos casos hacían alardes y desembozadamente se atribuían los delitos como parte de la “combinación de todos los medios de lucha”. En esto fueron especialistas los del ELN al ‘ajusticiar’ a tres Generales que habían comandado la Quinta Brigada del Ejército, Valencia Tovar, Rincón Quiñónez y otro en pleno ejercicio de su cargo, Eugenio Colorado.En la actualidad, habiendo descendido a las lóbregas comarcas del crimen común, así pretendan cubrirlo con románticos disfraces de guerrilla política, prefieren al anonimato cobarde para no responder ante la Justicia bajo formas distintas a la rebelión, redimible con amnistías, indultos o penas benévolas y no por el delito de homicidio agravado, asociación para delinquir o combinación de todos estos.La víctima ahora, Fernando Londoño Hoyos, ilustre hombre público, pensador, columnista brillante de El Tiempo y El Colombiano, exministro de Estado y dueño del programa ‘La hora de la verdad’ transmitido a diario por Radio Super, aún se debate quién o quienes pudieron ser los autores intelectuales y materiales del atentado que gracias a Dios no acabó con su vida, pero sí con las de dos de sus escoltas.Hay algo más, mucho más importante que resolver los interrogantes sobre el origen del acto criminal; interesa el repudio nacional, solidario, decidido ante el hecho infame. Es la nación entera la que debe ponerse en pie para rechazar el terrorismo en todas sus formas. La solidaridad nacional, sin excepciones, políticas, oposicionistas, personales. No caben en este rechazo airado al más inicuo de “los medios de lucha combinados contra la sociedad y el Estado colombianos. Sólo así podremos derrotar al terrorismo.

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