La Fase II en La Habana

Junio 17, 2013 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Valencia Tovar

Superada la discusión sobre el problema agrario, que parecía a primera vista el más complicado por la insistencia de las Farc en socializar los medios de producción aboliendo virtualmente la propiedad privada, se penetra ahora al tema en realidad más complejo: el de las aspiraciones políticas de los negociadores de las Farc. Pretenden ellos recibir el mismo tratamiento dispensado al M-19. La situación es muy diferente. Es cierto que los dirigentes del eme ingresaron en forma inmediata al goce de los derechos ciudadanos de elegir y ser elegidos, con Carlos Pizarro Leongómez como candidato presidencial y Antonio Navarro Wolf elegido como constituyente. Entonces, la dirigencia del M-19, desaparecidos los cuatro comunistas beligerantes, Almarales en el Palacio de Justicia, Bateman Cayón en un accidente aéreo cuando volaba sobre el istmo de Panamá, Iván Marino Ospina y Álvaro Fayad abatidos por el Ejército cuando el intento de paz del presidente Betancur perdió vigencia, Carlos Pizarro asumió el mando y consideró que en el Palacio de Justicia murieron incinerados los ideales revolucionarios del movimiento.El M-19 no hizo del terrorismo generalizado una estrategia de lucha, mucho menos del narcotráfico su fuente de financiación. La mecha de ignición al ingresar al oscuro y confuso panorama insurreccional del país, fue la protesta por un supuesto fraude electoral en contra de la Anapo de general Gustavo Rojas Pinilla, pero sin confesar determinada ideología. Dentro de su metodología de combate, adoptó técnicas de los tupamaros del Uruguay, robando camiones de distribución de artículos alimenticios para distribuir en barriadas miserables, a la par con acciones militares como el robo de tres mil fusiles del Cantón Norte del Ejército por medio de un túnel cavado desde una casa cercana al Grupo Rincón Quiñones, y golpes espectaculares como la toma de Mocoa en los que cambiaba primeras planas y escenas de los medios radiales y televisados por litros de sangre que sus combatientes acogían.Utilizando la intermediación confidencial de un General en retiro, se logró la aceptación del presidente Virgilio Vargas de un plan sobre dejación de las armas y desmovilización pacífica de los combatientes que incluía su reinserción democrática en la sociedad colombiana. Muy poco de esto pueden invocar las Farc.

VER COMENTARIOS
Columnistas