La antesala de las elecciones

La antesala de las elecciones

Febrero 10, 2014 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Valencia Tovar

Los procesos electorales son la prueba de fuego de la democracia republicana. La pureza de los comicios, la credibilidad que los organismos responsables de su realización ofrezcan a la ciudadanía, la imparcialidad oficial en los debates y en el conteo de sufragios, configuran un conjunto armónico, en el que se pone a prueba la base misma de la democracia participativa. Cualquiera de los componentes que falle en el cumplimiento de su función, el sistema total se agrieta.La conditio sine qua non para el buen funcionamiento del proceso electoral, residen en los partidos y movimientos políticos. Su estructura formal, la limpieza de su accionar ético, determinan el acatamiento ciudadano al resultado final con sus incidencias en el orden público y en la calidad de los gobernantes. ¿Qué podemos decir al respecto de nuestro poder electoral colombiano? Es innegable que a lo largo de la historia se ha generado el esfuerzo de perseguir el triunfo por medio de recursos perversos en los que no ha faltado las amenazas y la coacción física. Recordemos el puñal lanzado desde las barras en la elección de José Hilario López, que se clavó en la mesa del jurado y la frase de Mariano Ospina Rodríguez: “voto por López para que no se asesine el congreso” (1848).Si escrutamos desapasionadamente la etiología de nuestras siete guerras civiles en el siglo XVIII, hallamos que sin excepción alguna, la mediocridad del poder electoral ha sido causante principal de las confrontaciones armadas, primero entre corrientes opuestas como en la Gran Colombia entre bolivianos y santanderistas y, a partir de 1848 -49, cuando se fundaron los partidos liberal y conservador, que hasta la Constitución de 1991 dominaron nuestro panorama político. La proliferación de partiditos y movimientos, abrieron la compuerta al caudillismo desaforado, que acabó con la poca seriedad que tenían ya los partidos históricos. Es así como, dos semanas antes de la fecha señalada, en el momento de la inscripción de un candidato, se cambió el nombre por haberse descubierto otra alianza con mejores perspectivas electorales.Para fortuna de nuestra democracia, la introducción de la cibernética en la reforma electoral, ha ido desmontando una a una estas corruptelas, con todo y su léxico peculiar y folclórico en el cual el chocorazo y el traslado de sufragantes ocupan un destacado lugar.

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