Jojoy, estratega del terror

Septiembre 27, 2010 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Valencia Tovar

La estampa del cabecilla abatido por la Fuerza Pública en la ya famosa Operación Sodoma, no deja a primera vista la imagen de un combatiente guerrillero. Pasado de kilos en su época triunfalista del Caguán, más parecía un aburguesado mercader disfrazado con atuendos de guerra y armado hasta los dientes. Cabecilla del ala guerrera de las Farc, ha sido reputado equivocadamente con el adjetivo de estratega militar. Estratega es el comandante cerebral e intuitivo, capaz de entender una situación e interpretarla con una visión realista de las posibilidades, señalamiento de objetivos conducentes al logro de un propósito político. La guerra es instrumento de la política (Clausewitz).Jojoy, sanguinario, brutal, practicante del terror, dista mucho de ser todo esto. Fue, simplemente, un señalador de objetivos para el ejercicio de la violencia como método de intimidación, sin reparar en consecuencias que a mediano y largo plazo pudiesen tornarse contraproducentes o inefectivas. Al hacer del terrorismo una estrategia fue acumulando odios, resentimientos, impulsos vengativos. En suma, todo lo contrario a los fines revolucionarios, cuyo fundamento es lograr la adhesión de un pueblo inconforme, sin esperanzas, sumido en la marginación y el abandono, dentro de una sociedad plagada de contrastes y abismales distancias entre la extrema pobreza, descontenta a la vez con el sistema político imperante.La ‘guerra sicológica’ es parte fundamental del auténtico líder revolucionario. Constituída por elementos pasionales, intelectivos y afectivos, debe cautivar, no suscitar aversión y disensiones internas. El júbilo nacional que desató su trágico final, es la mejor comprobación de lo aquí afirmado. Cuando anunció desde las profundidades selváticas y con actitud triunfalista el traslado de la revolución a las ciudades, evidenció un desconocimiento de la realidad urbana. El medio agreste donde nació y emprendió la senda que lo haría terrorista más que guerrillero, no le permitieron vislumbrar la dimensión estratégica de su empeño: pensó hallar en la juventud desadaptada y rebelde la decisión, el compromiso, la persistencia requeridos para la realización de un gran propósito. Pero la deserción, el abandono, las tendencias criminales, redujeron la dimensión de esas milicias anunciadas a grupúsculos mal preparados, propensos a la delación. Para perpetrar atentados, se requirió la presencia de cabecillas rurales experimentados. Sin liderazgo propio el objetivo era inalcanzable. ¿Fue Jojoy un estratega?

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