Fe en la causa

Enero 31, 2011 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Valencia Tovar

Adelanta el comandante del Ejército, general Alejandro Navas Ramos, una intensa e importante campaña de orden sicológico y moral, destinada a fortalecer los principios, valores y virtudes que configuran la ética institucional militar del Ejército bajo su mando. Consciente de la trascendencia que este aspecto profesional reviste para el hombre de armas, en particular si se halla inmerso en un conflicto bélico de cualquier naturaleza. En el caso específico de la fuerza bajo su mando y responsabilidad el asunto alcanza aún mayor aliento.El Ejército, más que ninguna otra de las Fuerzas Militares, enfrenta un conflicto en el que las fuerza disolventes de “la combinación de todas las formas de lucha” diseñadas por la insurgencia de origen marxista pero convertida aquí en una acción larvada de progresivo poder, se traduce en dos conceptos menospreciados por la sociedad y por el mismo Estado: las llamadas Guerra Política y Guerra Jurídica. Mientras más cerca ven los elementos radicales que obcecados cultores de una insurgencia extinta en el mundo, pero persistente en Colombia y varios países de América Latina y África, de la derrota final de su brazo armado, más intensifican las acciones dirigidas a minar la moral de los instrumentos armados del Estado bien generalizando fallas inevitables de fuerzas que lo defienden bien y atacando a jefes prestigiosos y combatientes en todos los niveles jerárquicos con efectos desmoralizantes.La campaña denominada Fe en la Causa, concebida por un General de vastísima experiencia en la acción integral como hoy se denomina el tratamiento de la violencia criminal no sólo por medio de la fuerza, comienza por estimular en los comandantes de todos los grados el sentido de compromiso y espíritu de combate con miras a un objetivo final: la victoria que obtenga la paz del país y el tratamiento de sus consecuencias residuales en el posconflicto, presentes en delincuencia juvenil, bandas armadas, sicariato como medio de eliminar personas que en diferentes campos representen obstáculos a sus tenebrosos designo, en fin, males profundos de una sociedad desquiciada por décadas de violencia armada. Parte esencial de este esfuerzo la constituye la creación de una Dirección de la Familia, cuyo solo nombre sugiere el alcance de sus propósitos. Materia de enorme significación moral, que amerita tratamiento de fondo, imposible en el reducido espacio de una columna de prensa.

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