Farc: ni pausas ni suspensión

Noviembre 18, 2013 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Valencia Tovar

Cuando en su discurso de posesión el Presidente Santos abrió una rendija para abrir conversaciones en busca de la paz ansiada por todos los colombianos, los jerarcas de las Farc acudieron a acogerse a esa posibilidad. A partir de ese momento, fue el Gobierno de Colombia el que dictó las condiciones para el desarrollo de un proceso serio de etapas y fases aceptado por las Farc, la primera de las cuales sería confidencial, en suelo extranjero, ciudades Oslo en Noruega o La Habana, Cuba. Se aprobó un cronograma flexible, pero de forzoso cumplimiento.Condiciones básicas: sendas comisiones negociadoras, sin presencia de medios informativos, durante las deliberaciones, pero con un vocero que lo sería el jefe de cada grupo de cinco miembros con adiciones individuales aprobadas por el Gobierno. Ningún tema distinto a los cinco convenidos podría agregarse sin acuerdo mutuo. Tampoco se aceptó alteración del texto de los comunicados públicos.En estas limitaciones, los voceros de las Farc incumplieron repetidas veces, lo que motivó inmediatas réplicas del doctor De la Calle Lombana, quien en su condición de jefe del grupo gubernamental rechazó tales pretensiones de los alias Iván Márquez y Timochenko. Este último, pretendió erigirse por sí mismo como suprema entidad revisora al enviar a sus ‘plenipotenciarios’ en La Habana, la orden de anular lo acordado en siete de los diez puntos, reservándose el resto como futuras condiciones para aprobar un hipotético texto final. Se hacía evidente el propósito oculto de equiparar su posición como comandante de la fuerza sediciosa con la del presidente de la nación colombiana. Insólita salida en falso que solo le valió al usurpador, ridículo universal. Toda esta sucesión de intentos es tan solo parte de la estrategia dilatoria que culmina con la petición de una semana de descanso “para estudio y reflexión” del documento final que dará la ansiada paz en Colombia. Dilación que pretende sin duda diluir el tema en el batiburrillo electoral. Cabe aquí un interrogante que hallará claridad más adelante, pero de todas formas sí deja en claro que Juan Manuel Santos no ha manipulado en forma alguna un objetivo nacional de extrema importancia, sino por el contrario, jugar todo su futuro político a lo que ha sido eje central de su propósito de Estado.

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