Exigencia absurda

Mayo 06, 2013 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Valencia Tovar

Un más bien callado -¿o solapado?- negociador de las Farc en La Habana, tomó la palabra sorpresivamente para enunciar la más inaceptable de sus exigencias: la desmovilización inmediata de la Fuerza Pública, para emplear el gasto militar en la construcción de escuelas, hospitales y viviendas para las gentes menos favorecidas.Como era de esperar, el doctor Humberto de la Calle la rechazó tajantemente. Ni la doctrina militar, ni la organización de las Fuerzas Armadas son temas de discusión en la mesa de negociaciones. Esta era una advertencia para todos los negociadores: no utilizar tácticas dilatorias para un proceso en marcha, con cronograma trazado de común acuerdo.La ‘improvisada’ -pero bien madurada- gestión del señor París -¿o es un alias?- trae a cuento las reclamaciones de ONG y colectivos de abogados más próximos a la guerrilla que al Estado de derecho defendido por la Fuerza Pública; parte de la conveniencia que tales organismos proclaman de marginar Ejército y Policía del proceso. Pero, ¿quién nos asegura que una nueva felonía de las Farc no repita la tragicomedia del Caguán?Por otra parte, suponiendo que las conversaciones en curso logren la firma de un convenio de paz, las Fuerzas Armadas deberán jugar un papel crucial en el posconflicto, tanto en la eliminación de las bandas supérstites como en la reconstrucción moral y física de las sociedades desquiciadas por la violencia en todas sus formas. El pie de fuerza actual podrá reducirse a medida que el tratamiento cívico-militar del agro lo permita, de lo cual ya se ha ocupado anteriormente esta columna, pero conviene recordarlo por su capital importancia frente a la realidad actual y el futuro previsible.El mando militar esta preparado en coordinación con el Ministro de Defensa bajo la dirección inmediata del señor presidente Santos. Lo más recomendable para esta disminución progresiva del pie de fuerza, es comenzar cuando se juzgue oportuno, por disminuir las cifras de nuevas incorporaciones, en forma tal que los batallones vayan disminuyendo sus efectivos en las que se piense desactivar, hasta que las regiones bajo su responsabilidad puedan desguarnecerse para ser remplazadas por la Policía.Las ventajas saltan a la vista. Las unidades del que será Ejército Permanente podrán completar sus cuadros de mando. Las relaciones militares y policiales con la población civil se harán más estrechas al recibir beneficios de seguridad y desarrollo, por la conversión de unidades de combate adecuadamente equipadas para ejercer la acción sicológica: proyección de películas, instrumentos lúdicos, etc. Una nación que soporta 60 años de conflicto interno, necesita una larga y bien conducida convalescencia.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad