El paro laboral y sus desvíos

El paro laboral y sus desvíos

Septiembre 23, 2013 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Valencia Tovar

La presencia inusual de campesinos en calles y plazas de ciudades mayores, poblados y centros de producción agrícola, revistió caracteres preocupantes. No solo por la simultaneidad en todo el territorio nacional, singularmente en los departamentos de mayor actividad agropecuaria. En estas circunstancias, y dada la crisis acumulada en el tiempo, de este sector vital de nuestra economía, no sorprendió el paro en sí, sino la agresividad y violencia que fue desarrollando con rapidez desconcertante.El sesgo que tomó la protesta inicialmente pacífica, se complicó con la sumatoria de actuaciones ajenas al campo. Paros de solidaridad de otros gremios, caudillos de ruana pero con una facilidad de palabra y un vocabulario indicadoras de preparación extremista, y vociferaciones de ruptura, acentuadas por una oposición sectaria propia de la etapa preelectoral, dirigida al descrédito del gobierno y en especial del Presidente Juan Manuel Santos.Bloqueos de carreteras, calles y trechos neurálgicos, huelga de pilotos de Avianca en la consabida ‘operación reglamento’, con parálisis virtual de los mayores aeropuertos del país: aparición de bandas callejeras de vándalos y atracadores, huelga de maestros, transformaron el paro agrícola en un escenario de barbarie que rememoró, en menor escala, el del 9 de abril de 1948: volcamiento de buses, quema de camiones y automóviles, pedreas contra el alumbrado público, saqueos de almacenes, tiendas y ferreterías desfiguraron la fisonomía de Colombia. Los medios de comunicación, escritos bajo grandes titulares e imágenes dantescas captadas por noticieros televisados, en fin la conjunción de factores premeditados o fortuitos, mueven a reflexión profunda y acciones remediales consecuentes con la gravedad del fenómeno.El paro como instrumento de presión sindical o laboral es sin duda difícil de controlar cuando sale del seno del organismo que lo decreta, abandona el recinto donde aparece hasta los extremos registrados en la pasada situación, o se reglamenta en forma que evite toda desmesura e irrespeto por la autoridad encarnada en la Policía Nacional digna y profesional de hoy, bien distinta a la que el 9 de abril se sublevó y repartió fusiles a los amotinados, porque había sido politizada hasta convertirla en parte del conflicto sectario o, si esto no es posible, borrar el paro ingobernable por la huelga laboral histórica con excepción real de los servicios públicos, inclusive y aún con mayor acento, el del transporte que se presta para la paralización del país.

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