El Niño y la Niña no son culpables

Diciembre 06, 2010 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Valencia Tovar

Los fenómenos climáticos hoy conocidos como el Niño y la Niña son tan antiguos como el mundo. Se trata de evaporaciones del Océano Pacífico de intensidad variable, que al ser llevadas hacia los litorales, o frenadas en su recorrido periódico por diversas causas, producen intensificación de las épocas pluviales y disminución de las mismas. ¿Por qué entonces la Tierra las sufre con intensidad progresiva año tras año? Porque la humanidad en desbordado crecimiento demográfico ha venido quebrantando el equilibrio ecológico, particularmente por dos procesos en incontenible crecimiento: la destrucción de la naturaleza arbórea y la demisión de dióxido de carbono y otros gases que ha destruido la capa de ozono que protegía la superficie terrestre de los rayos del sol, en particular de los ultravioleta que al no tener la filtración del ozono, caen sobre el planeta con ira quemante para la piel del ser humano y deteriorante en muchos otros aspectos sobre la naturaleza y los seres vivientes.Las masas de bosques, en particular los de naturaleza húmeda tropical, hacen por la atmósfera el papel de purificadores del aire y neutralizadores del bióxido de carbono que arrojan la respiración de los vertebrados así como otras fuentes del gas. Pero el papel de selvas y bosques, particularmente en pendientes inclinadas, no se reduce tan sólo a ese efecto purificador. Moderan la intensidad de los vientos, contienen el humus productivo de los suelos para evitar que las lluvias lo arrastren hacia los valles y los ríos, produciendo sedimentaciones que poco a poco van reduciendo la capacidad del cauce para contener el caudal natural de la corriente con una lógica consecuencia: el desbordamiento de las aguas y las inundaciones cuyos efectos estamos presenciando en Colombia con aterradora intensidad que aumenta todos los años. Por otra parte, muchas de las especies vegetales retiene en sus raíces agua sobrante, para sobrevivir en las sequías periódicas, en cantidad que les permite liberar parte de sus reservas, con lo cual irrigan las tierras bajas y equilibran el caudal de las corrientes fluviales. Cada edición dominical de los miles de periódicos alrededor del mundo, supone miles de hectáreas de bosques. Es apenas un detalle: La construcción, el amoblamiento, los pisos de parqué, son miles de árboles maderables que no se reemplazan con la misma velocidad de la extinción. Echarle la culpa al Niño y la Niña, es cerrar los ojos a la verdadera razón de las catástrofes naturales en el mundo entero.

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