El infame asesinato de las Farc

El infame asesinato de las Farc

Diciembre 05, 2011 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Valencia Tovar

El asesinato perpetrado por las Farc en las personas de tres oficiales de la Policía y un sargento del Ejército, corrobora el estado de descomposición a que ha llegado el que fuera movimiento revolucionario, convertido hoy en bandas de forajidos terroristas. No sabemos si su nuevo cabecilla alias Timochenko asumió la jefatura o si el acto repulsivo es parte de lo que encuentra al asumir la responsabilidad de conducir los destinos de la desastrada organización.Si el hecho ocurrió bajo su mando, la cínica condolencia del Secretariado es muestra de lo que será ese mandato, en momentos en que las Farc sufren los efectos de los golpes devastadores de las Fuerzas combinadas militares y policiales que las obligaron a retornar a la condición primaria de guerrillas menores, en plan de golpes terroristas contra la infraestructura vial e hidrocarburos o fracciones de la Fuerza Pública, estado del cual no podrán salir, menos aún con delitos de lesa humanidad que confirman ante propios y extraños su actual degradación.De todas maneras, lo que Rodrigo Echeverry Londoño, el universitario formado en la juventud comunista tiene ante sí, sólo admite dos líneas de conducta: o bien persistir en la lenta agonía de lo que perdió el sello de revolución ideológica, para adquirir el de lunático comportamiento delincuencia con explotación del tráfico de estupefacientes despreciable y repudiado, o aceptar la apertura que el presidente Santos les ofrece, comenzando por la liberación inmediata y sin condiciones de todos los secuestrados como prueba de buena fe para llegar a la desmovilización y el desarme que permitirían poner fin a la sangrienta tragedia de nuestra patria que es también la suya.Entendemos que un compromiso revolucionario implica hasta la muerte. Pero no subsiste cuando los objetivos desaparecen y el movimiento que los perseguía sacrifica su carácter por el del dinero maldito del narcotráfico en una degradación sin retorno. Persistir por orgullo y soberbia en un proceso degradado y errático, es alargar la línea fúnebre de sepulturas que Alfonso Cano, su predecesor, dejaría inconclusa. Mejor consignar en la historia el nombre de quien contribuyó al retorno de la paz a Colombia, que el del cabecilla criminal de una banda de forajidos sin redención posible.

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