El fútbol y nosotros

Agosto 15, 2011 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Valencia Tovar

La selección sub 20 de Colombia nos ha dado algo a los colombianos que en verdad nos hacía falta. Llegamos a cuartos de final de un campeonato mundial, suceso que no se registraba en los pálidos anales de nuestra historia futbolística. Pese a que en los colegios este era el deporte favorito, la falta de canchas nos impedía practicarlo en la medida de la pasión que nos suscitaba. El Gimnasio Moderno fue la única excepción pues sus fundadores, los hermanos Samper, trajeron la idea inglesa del campus, que incluía cancha para su ejercicio y una alberca al aire libre, no calefaccionada, con ínfulas de piscina, ni dimensiones olímpicas, pero que proporcionaba a sus alumnos la oportunidad de chapotear, sin profesor ni entrenador, para envidia de quienes no tuvimos el privilegio de concurrir a sus aulas prestigiosas.En contravía de tales limitaciones, los niños de los años treinta sentíamos ya en la sangre la pasión del fútbol. Yo no sé de cuántas onces me privé para ahorrar los cinco pesos que costaba un balón de cuero y neumático con bitoque para inflarlo. Bartolinos y lasallistas gozaban de campos propios en los extramuros de Bogotá, que mi colegio Antonio Nariño alquilaba una tarde de la semana, pero había que levantar los cinco centavos para viajar en tranvía y otros cinco para el regreso. Todo un drama. Al comienzo no formé en el equipo de mi clase. De ahí que comprara balón para jugar en una de las canchas menores con los demás réprobos que no hallábamos cabida en esa exclusiva rosca de jugadores. Un día no hubo balón para el equipo. Me pidieron que cediera el mío. Claro, pero es que mi balón no juega sin dueño. Finalmente, me incluyeron en la alineación para enfrentarnos al curso B de segundo bachillerato. Entre el gol que metí y la propiedad del balón, obtuve en propiedad una casilla fija en el equipo.A finales de los treinta, se trajeron a Bogotá equipos de Santa Marta y Barranquilla donde el fútbol se arraigó primero. Se improvisaron equipos bogotanos para hacerles frente. Fue el comienzo de la fiebre futbolera en la capital. El Bogotá y el Juventud capitalinos se batieron como leones con samarios y barranquilleros. Fueron nuestros primeros héroes. En 1948 primer campeonato de fútbol profesional ganado por el Santafé. La edad de oro con Pedernera, Di stefano, Rossi, Pini, el Cobo Zuluaga hasta el equipo Ensueño de Maturana y hoy la estupenda Sub 20 que Colombia lleva en el alma. Es la fiebre del fútbol con su poderoso aliento.

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