Conflicto interno

Mayo 09, 2011 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Valencia Tovar

Las diferencias entre los conceptos de conflicto interno y terrorismo de Estado sólo se entienden en su profundidad a la luz de las connotaciones internacionales de uno y otro. Cuando el presidente Álvaro Uribe Vélez asumió la jefatura del Estado, las ‘guerrillas’ colombianas eran consideradas en Europa, y en menor medida en Estados Unidos, como expresión armada contra el régimen supuestamente tiránico, insensible a las urgencias del pueblo y su fuerza pública ejecutante y defensora de las inequidades sociales de un país con abismales distancias entre ricos y miserables. Basta recordar cuando se presentó ante el Parlamento Europeo y la mayoría de la audiencia abandonó el recinto en forma ostentosa.Las Farc tenían oficinas abiertas en la mayoría de países europeos y en unos cuantos americanos, que desarrollaban una ‘diplomacia paralela’ dedicada al descrédito del Gobierno y de sus Fuerzas Armadas, en tanto los últimos años el área de distensión del Caguán se presentaba como ‘territorio’ liberado. Cuando un importante grupo de diplomáticos visitó el Caguán, lo primero que halló en el aeropuerto fue una enorme pancarta sobre la fachada del terminal en la que las Farc -no el Estado Colombiano- les daban la bienvenida y un contingente de guerrilleros y guerrilleras en uniforme camuflado les rendía honores, en contraste con la absoluta ausencia del Ejército y la Policía nacionales.Todo lo anterior configuraba riesgo inminente de reconocimiento de Estado de Beligerancia con sus tres requisitos: territorio dominado, gobierno responsable y seguridad de respeto a los Derechos Humanos y el DIH que fingían cumplir bajo la parálisis de la lucha armada. Unilateral, que quede claro, porque ellos proseguían sus ataques a poblaciones débilmente protegidas con fuerzas superiores y cilindros cargados de explosivos y materias infecciosas para hacerlos más mortíferos.Todo cambió merced al incansable esfuerzo del presidente Uribe y a la forzada ruptura de hostilidades por el presidente Pastrana hacia el final de su gobierno.Por sí mismas, Farc y ELN permitieron comprobar que las tales guerrillas sí eran terroristas y narcotraficantes en gran escala. Desaparecido el peligro de la condición de beligerancia, deja de importar que el choque armado en declive descendente, se llame conflicto o no. En esto el actual gobierno tiene razón en llamar las cosas por su nombre. ¿Qué ciudadanos, en particular del área rural, puede negar que tal conflicto existe como cotidiana amenaza a su existencia?

VER COMENTARIOS
Columnistas