Colombia pierde un gran amigo

Enero 03, 2011 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Valencia Tovar

Conocí a Carlos Andrés Pérez cuando como aguerrido parlamentario avanzaba con paso firme hacia la Presidencia de Venezuela. Ocurrió en San Cristóbal, capital del Táchira, su Estado natal, con motivo del intercambio de visitas que diseñé con el comandante de la Primera División, coronel como el autor de este perfil, Gustavo Pardi Dávila, con quien entablamos amistad desde el grado de subtenientes en la visita de la Escuela Militar a la de Colombia para la posesión del presidente Mariano Ospina Pérez.Tuvo conocimiento Carlos Andrés Pérez, del encuentro que tendríamos en San Cristóbal, y espontáneamente acudió para tomar parte en el acto protocolario de la ofrenda floral ante la estatua del Libertador Simón Bolívar, donde fue invitado por el coronel Pardi a la recepción oficial que tendría lugar esa noche. Desde el estrechón de manos percibí la calidez de un genuino amigo de Colombia. Sus palabras espontáneas confirmaron esa primera impresión. Su oratoria, en clásico estilo parlamentario, evocó la reunión de los dos ejércitos hermanos en Casanare, inicio de la Campaña Libertadora de 1819 en territorio granadino y con calor celebró esta reedición contemporánea de la amistad histórica entre los hombres de armas de las dos naciones hermanas.Volvería a verlo cuando ya como General y Comandante del Ejército de Colombia asistí a Caracas por invitación del ministro de Defensa general Gustavo Pardi Dávila y su comandante del Ejército Manuel Bereciartu Partidas, camaradas en nuestra Escuela de Infantería donde cursó para ascenso a Capitán mientras yo me aprestaba a viajar a Corea con el Batallón Colombia. En la agenda no figuraba entrevista con el presidente Carlos Andrés Pérez, pero se introdujo a petición de CAP, pues de su memoria privilegiada no se había borrado el recuerdo de nuestro primer encuentro años atrás. Me imponían la Orden del Libertador.Pese al carácter informal de la entrevista, la cuestión del diferendo por la limitación marítima, planteada por él, salió a colación. Me pidió opinión. Antes de viajar pregunté por conducto del Ministro de Defensa al señor presidente López Michelsen si podía colaborar en alguna forma con la política de Estado. No. Debía limitarme a recibir la presea. El no descendía de su trono para hablar con sus comandantes de Fuerza. Pero ante la pregunta inesperada, planteé una solución integracionista con la cual se manifestó en completo acuerdo... Ese gran amigo es el que acabamos de perder en el doloroso exilio de su patria.

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