¿Quién es Santos?

Julio 11, 2012 - 12:00 a.m. Por: Alberto Valencia Gutiérrez

El grave incidente de la reforma a la Justicia, del que aún no logramos recuperarnos, pone sobre el tapete una pregunta con respecto al tipo de dirigente que es el presidente Santos. Debo confesar para comenzar que me encuentro entre aquellos que sintieron un inmenso alivio con su llegada a la Presidencia de la República. No voté por él, no era el tipo de político que me atraía especialmente, pero a medida que comenzó a reorientar el país por una vía distinta a la pugnacidad y al odio como criterio de la política del Presidente anterior, se transformó por completo mi apreciación. Pero hoy en día, después de este inmenso fracaso, ha vuelto la incertidumbre con respecto a la persona que en este momento tiene el poder en nuestro país.Algunos columnistas han insinuado que el Presidente y su equipo dejaron correr la reforma a la Justicia e, incluso, le dieron primeros auxilios a comienzos de mayo, con base en una jugada estratégica bastante arriesgada y peligrosa, propia del más puro manzanillismo. Se habría tratado, por una parte, de darle contentillo a los congresistas para preparar el camino a la reelección; y, por otra, de dejarlos obrar a su antojo con la esperanza de que la Corte Constitucional, como respuesta a una acción de inexequibilidad, iba a eliminar los artículos problemáticos mientras el Gobierno se lavaba las manos como Pilatos y no podía ser acusado de falta de preocupación por la situación de los parlamentarios procesados. Una jugada de póquer con todas las de la ley, que finalmente se le salió de las manos.Existen dos tipos extremos de políticos. El primero se preocupa fundamentalmente por la mecánica y por las condiciones en que se desarrolla el juego de la política. El segundo quiere hacer predominar ante todo sus principios. Pero ni un extremo ni el otro. Si la política es el arte de lo posible, tiene que jugar con variables reales, pero no puede desconocer los principios. La política que se funda en convicciones absolutas, con desconocimiento total de la realidad de los hechos políticos, es propia de todos los extremismos de derecha o de izquierda. La política que se funda en el ‘realismo absoluto’ es la base del cinismo y el oportunismo.El presidente Santos nos ha sembrado una duda con respecto a sus condiciones de hombre público. En algún momento lo conocimos como un habilidoso político, famoso por haber impulsado una conspiración contra Samper con base en una dudosa alianza con guerrillas y paramilitares o por haber acusado injustamente a un contendor político de alianzas con las Farc, para favorecer de manera cínica y oportunista sus intereses políticos. En otro momento, esa imagen dejó paso a la figura de un hombre que se reencontraba con la vieja tradición de los principios liberales de los años 1930 y 1940, representada por su abuelo Eduardo Santos. La preocupación por las víctimas, la recuperación de las tierras, el apoyo a la creación de un Marco Jurídico para la Paz, entre muchas otras iniciativas audaces, nos habían convencido de que estaba de regreso del ‘pragmatismo cínico’ de otras épocas y estaba volviendo por los fueros de una política inspirada en caros ideales colectivos, pero con fundamento en la realidad.Ahora me encuentro bastante confundido frente a las condiciones éticas y políticas del hombre que tenemos en la Presidencia. Solo sé que estamos en un momento altamente delicado de la vida política nacional en el cual hay que hacer el esfuerzo porque las cosas se hagan bien. Necesitamos un verdadero estadista al frente de los destinos del país, que sepa combinar la ética con la política, las propuestas y las realidades, sin caer en los extremos, que tanto daño nos han hecho.

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